
Periodista
Alarmas barcelonesas
Gracias al centralismo meteorológico, los catalanes siempre sabemos si luce el sol en Barcelona

El árbol caído por efecto del viento y la lluvia en la plaza Vila de Madrid, en Barcelona. / CEDIDA
El domingo, día ventoso, la rama de un árbol cayó sobre mi coche, que estaba aparcado en una calle del centro de Girona. Y aún tuve suerte, porque al poco de -no sin esfuerzo- retirar el vehículo, cayó un árbol entero en el lugar donde me encontraba. Sobra decir que, diez horas después, las ramas y árboles caídos seguían en el mismo lugar, sin que ni siquiera una cinta plastificada impidiera acercarse o una triste señal de peligro advirtiera a los ciudadanos de que allí llovía a muerte. Era fin de semana, y el alcalde estaría a otras cosas, a las suyas, como siempre. Si usted tiene un comercio en Girona y, haciendo uso de su libertad, lo rotula en castellano, notará en sus carnes la diligencia municipal en forma de multa o advertencia, en menos de lo que tarda Lluc Salellas en calzarse una alpargata. Si lo que sucede es que existe peligro para los ciudadanos, vuelva usted mañana y entre una instancia debidamente compulsada.
La verdad es que nadie nos avisó. Hace un mes, todos los gerundenses, como el resto de catalanes, recibimos una alarma en el móvil, con un sonido infernal e imposible de desactivar, informando del peligro que corríamos a causa del viento que se avecinaba. No hubo nada de nada. En Barcelona sí, allí hubo viento, vientecito más bien, pero esa gente no está acostumbrada. Supongo que el domingo pasado, que sí hubo viento peligroso en Girona, en Barcelona reinaría calma chicha, de ahí que no sonaran los móviles. Nos ha costado descifrar el funcionamiento de las alarmas de la Generalitat, pero, a fuerza de padecerlas, hemos aprendido: no son alarmas, sino una forma de hacernos saber al resto de catalanes el tiempo que va a hacer en Barcelona, que es lo que importa.
Si usted, insignificante ciudadano de Tarragona, recibe una alarma advirtiendo del riesgo de inundaciones, no se apure, significa que en Barcelona va a llover. Si usted, triste catalán de Lleida, recibe un aviso de que van a bajar las temperaturas, no encienda todavía la calefacción, es solo que en Barcelona va a refrescar. O si a usted, irrelevante gerundense, le llega al móvil la advertencia de que hay riesgo de aludes, vaya tranquilo a esquiar, solo implica que en Barcelona van a caer cuatro copos. Si no suena la alarma, quédense en casa, únicamente quiere decir que en Barcelona todo bien, gracias, pero vayan a saber qué sucederá en el resto de Catalunya. Gracias al centralismo meteorológico, los catalanes siempre sabemos si luce el sol en Barcelona.
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