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Opinión | Elecciones del Barça
Joan Tapia

Joan Tapia

Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.

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Elefante populista

Laporta ha arrasado porque es un incombustible sin complejos, que confía en sus fuerzas y sabe 'surfear'. Lo que contaba era ganar, las 'cuentas' pueden esperar

Laporta apabulla a Font con más del doble de votos y presidirá el FC Barcelona hasta 2031

Joan Laporta celebrando su victoria en las elecciones 2026 a la presidencia del Barça

Joan Laporta celebrando su victoria en las elecciones 2026 a la presidencia del Barça / JORDI COTRINA

El Barça es desde hace mucho una expresión de Catalunya. En los 50, dirigido por industriales del textil como Miró-Sans -el del Camp Nou- plantó cara al Real Madrid. Y en los 60, Narcís de Carreras, el catalanismo que tuvo que coexistir con Franco, dijo “el Barça es mes que un club”, una sabia frase que abría todos los futuros. Y en las elecciones siguientes (1969) se impuso la candidatura del también textilero, e hijo de un anterior presidente, Agustí Montal. Jordi Pujol, que en el tardofranquismo ya quería “influir”, estaba detrás.

Pero en 1978 -ya en democracia- Ferran Ariño, muy ligado a Pujol, fue derrotado por el constructor Josep Lluís Núñez. ¿El ladrillo relevaba al textil? ¿Los socios apostaron por un empresario sin adjetivos? Sea como sea, Núñez supo “conectar” e integró en su junta a Nicolau Casaus, un catalanista histórico, amigo de Samitier, que estuvo en prisión por republicano.

Pero todo ciclo tiene un fin y Núñez, presidente durante 22 años, acabó dejándolo. Y tras las cortas presidencias de Joan Gaspart y Enric Reyna, un grupo de “jóvenes rebeldes”, dirigidos por Jan Laporta, con Sandro Rosell, Ferran Soriano y otros, ganó las elecciones de 2003. Y Laporta, que había montado el “Elefant Blau” como plataforma “cruyffista” contraria a Núñez, tuvo grandes éxitos deportivos, pero acabó peleado con todos sus socios.

En 2010, Sandro Rosell fue elegido -su padre fue un artífice de la victoria de Montal-, pero dimitió y fue procesado con acusaciones falsas (quedó en libertad el primer día del juicio) en lo que es una historia negra de la justicia española. Le sucedió Josep Maria Bartomeu -al que le acabó fallando el equipo- y en 2021, tras una excursión a la política liderando un partido más nacionalista que CiU y ERC, Laporta volvió.

Y ahora acaba de ser reelegido con el 68% de los votos, solo Núñez tuvo en el 97 una victoria mayor (76%). Pero ha pasado el tiempo y “Jan” -ni textilero, ni constructor, sino abogado de segunda- es hoy un elefante populista de trompa retorcida. Más solitario y menos joven. En las cuentas del club flotan grandes incógnitas y su nacionalismo está mezclado con el españolismo de su excuñado, Alejandro Echevarría, que -Xavi 'dixit'- tiene mucho poder.

Laporta es un incombustible. Sin complejos. Sabe entrar y salir de la política más comprometida como quien va a una coctelería, sabe conectar con el socio del Barça, tiene instinto (con mayúsculas) y suerte. Ha acabado el estadio, el equipo gana y el socio está contento. Y al más estructurado Victor Font le ha faltado, por segunda vez, mucha inteligencia emocional. Para “conectar” y saber (o querer) integrar a los otros dos candidatos.

Laporta ha arrasado. Confía en su fuerza, cuando quiere es un gran seductor y surfea un 'poti-poti' que va desde Jordi Pujol y el independentismo hasta…

Esperemos que al Barça le vaya bien. Aunque el Laporta de 2026 parezca un populista con pocos escrúpulos. ¿Expresión de la confusión arribista del independentismo pos-'procés'?

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