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Opinión | Opinión

Sonia Andolz

Sonia Andolz

Profesora asociada de la Universitat de Barcelona

Castilla y León no será la tumba del socialismo

Carlos Martínez, candidato socialista, es un verso libre que parece contar con gran simpatía en su ciudad, Soria, y que ha sabido defender las políticas estatales del PSOE con matices y discrepancias leales

Abascal y Pollán en un evento celebrado en León. | EFE

Abascal y Pollán en un evento celebrado en León. | EFE

Castilla y León no será la tumba del socialismo, por ahora, pero tampoco será donde resurgió de sus cenizas. A diferencia de las últimas elecciones regionales extremeñas y aragonesas, aquí el candidato socialista ha conseguido la confianza de suficientes electores. No significa necesariamente que el “No a la Guerra” de Sánchez haya calado hondo en los ciudadanos de CyL o que los votos hayan premiado al sanchismo. Carlos Martínez, candidato socialista, es un verso libre que parece contar con gran simpatía en su ciudad, Soria, y que ha sabido defender las políticas estatales del PSOE con matices y discrepancias leales.

El gran triunfador, el popular Mañueco, consigue no sólo mantenerse sino incluso mejorar sus resultados. Aunque en muchos casos de gobiernos de larga duración es fácil que la costumbre ayude a mantenerse, en los tiempos tan cambiantes y movidos que vivimos, tiene mérito ser un actor político estable. VOX en cambio parece haber tocado techo, no alcanzando el resultado que esperaba ni una gran subida. Ahora bien, la derecha y la ultraderecha ganan en CyL y eso no es una buena noticia. El dúo PP-VOX parece condenado a entenderse para gobernar y, de momento, los de Abascal no parecen tener intención de hacer política real: negociar, formar gobiernos, gestionar y aceptar el coste de hacerlo. Es más lucrativo no entrar en los gobiernos y poder seguir viviendo de criticar a quienes sí gestionan. Seguir fuera y vender la narrativa de ser azote de las élites, de los partidos históricos, de los grandes líderes del bipartidismo, es una estrategia fácil y simplona para quienes se presentan como la voz de los enfadados con el sistema, pero es irresponsable y poco honesto. VOX debe empezar a ser política, no sólo a hacerla. Vivir del populismo también se acabará, algún día y entonces tendrán que aceptar participar o desaparecer. De momento, parece que aún funciona avivar miedos y odio, bulos y desinformación y buscar culpables para cada mal de la gente. La izquierda de la izquierda, sin embargo, sigue sin saber cómo combatirlo.

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