
Periodista y escritor
Presente y porvenir de David Uclés
En mis años de periodista en esta isla, que es la mía, jamás vi tal expectación esperando a un escritor y no tan solo para tocarlo sino también… para leerlo
David Uclés: "Para mí la guerra terminó en el 75. A lo mejor para Pérez-Reverte terminó en el 39. Habría que preguntarle"

Retrato de David Uclés en Casa Batlló, el dia 4 de febrero de 2026 / Pau Gracia / EPC
Ahora he venido a Tenerife a escuchar a David Uclés hablando de sus libros, que ya son cuatro o cinco, y los que vendrán. La primera vez que estuve con él fue entrevistándolo para 'Clarín' de Buenos Aires, que se interesó por este fenómeno que entonces me había sido descubierto por quienes lo habían leído con pasión muy delicada.
Era, eso saltaba a la vista, alguien especial, se había pasado años viviendo por esos mundos. Había escrito el libro que ya lo resaltaba en la historia presente de la literatura. 'La península de las casas vacías', aquel libro, lo hizo mayor, pero todavía era un chiquillo que esperaba de la vida la alegría que se estaba mereciendo.
Aquella entrevista que le hice entonces me produjo una gran alegría, como si le redescubriera al periodista una figura que en otro tiempo hubiera sido, pongo por caso, Manuel Rivas. El gran escritor gallego se asomó a la literatura, como poeta, como narrador, cuando todavía era un barbilampiño que escribía para 'El País' en aquellos primeros años del periódico y que un día sufrió un desliz inducido: un redactor jefe le dijo que diera por acabado un acto sindical que ocurría en Santiago de Compostela. Él hizo caso al superior y las consecuencias fueron malísimas: la votación dio otro resultado que el que aceptó el periódico.
Entonces el director de 'El País', Juan Luis Cebrián, llamó a capítulo al muchacho, pero al fin el periodista veterano advirtió que la culpa de todo no fue, ni mucho menos, del joven gallego. En aquella ocasión vi a Rivas entrar y salir de la redacción, libre de cualquier culpa, lleno de porvenir. Sería luego uno de los mejores escritores de este país. A Uclés le llegó la fama, y su alegría, cuando ya estaba cansado de tocar a las puertas de las editoriales, imagino que también las de aquellas editoriales que ahora se muerden las uñas por tenerlo.
Lo cierto es que ahora Uclés es, como aquel Rivas de sus primeros años, un poeta que ha contado primero la vida del mundo que lo vio nacer, en Andalucía, que viajó cantando y bailando con aquel libro en la mano, y que ahora es parte mayor de la literatura de este país y, además, un escritor en marcha, que acaba de ganar un premio ('La ciudad de las luces muertas') que rinde homenaje a grandes de la literatura escrita en Catalunya y que recibe, por donde va, la admiración que merecen su prosa, su música y la ingenuidad, naturalmente mellada ahora, que lo llevó por los caminos del mundo y por los buzones de las editoriales que le dijeron que no.
Ahora, en Tenerife, se ha expuesto a lo que es parte inevitable del mundo de los literatos con éxito: la universidad, los centros culturales, la calle, la exposición que aguarda al éxito, lo han tenido en volandas, ha llenado los centros culturales, los periódicos, las emisoras. En mis años de periodista en esta isla, que es la mía, jamás vi tal expectación esperando a un escritor y no tan solo para tocarlo sino también… para leerlo.
Uclés, aquel muchacho que hace dos años nos contaba a los periodistas de dónde venía y qué quería seguir haciendo, el muchacho ingenuo que tenía el porvenir escrito pero aún no dicho, tiene tras de sí una historia, que naturalmente incluye hechos y dichos que a veces lo han desconcertado y que ahora parece que han amainado.
Ya los periodistas le preguntamos menos sobre aquel incidente que lo llevó a una controversia entre sus colegas porque a él no le pareció oportuno ir a Sevilla a una actividad que, entre otros, tenía a José María Aznar como contertulio. Ahora ya no le preguntan por eso, acaso porque ya se han dado cuenta los que le buscan para entrevistarlo o para jalearlo que es tan solo un escritor que, por otra parte, hace lo que le viene en gana con lo que escribe, con lo que piensa o con lo que canta.
Su porvenir ya es más grande que su pasado. Y por ahí va, como ha ido por Tenerife, mostrando ahora esa delicia literaria que es L'a ciudad de las luces muertas' y recordando a su manera que una vez fue el músico callejero que esperaba de la vida tan solo el amparo de ser leído, de ser escuchado… o de ser respetado como el artista que es.
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