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Opinión | GATO ADOPTIVO

Ferran Boiza

Ferran Boiza

Director adjunto de EL PERIÓDICO

Homenaje a los usuarios de Rodalies

Dos pasajeros en la estación de Badalona de Rodalies.

Dos pasajeros en la estación de Badalona de Rodalies. / Zowy Voeten

Si algún día Catalunya levanta un monumento a una virtud cívica, debería dedicárselo a la paciencia casi sobrehumana de los usuarios de Rodalies. Es, probablemente, lo más extraordinario del sistema. Se necesita una templanza casi infinita para confiar cada mañana en un servicio que lleva décadas poniendo a prueba la resistencia cotidiana de cientos de miles de personas.

Los datos son inapelables. Rodalies es la red de Cercanías menos puntual de España. En 2025, apenas uno de cada dos trenes llegó a su hora. Más de 110 millones de pasajeros al año -unos 300.000 cada día laborable- sufren estoicamente un servicio inaceptable que, sin embargo, aquí se ha acabado normalizando.

Pero el problema va mucho más allá de la puntualidad. También está el deterioro galopante de la infraestructura. Las limitaciones de velocidad se han triplicado desde 2017 y hoy hay 209 restricciones activas. Algunos puntos críticos llevan más de una década sin resolverse, como los túneles del Garraf, el de Rubí, varios tramos entre Torelló y Ripoll o el tramo Sant Sadurní–Martorell, tal y como hemos explicado en EL PERIÓDICO.

Y la peor noticia es que la espera continúa. El comisionado de la Generalitat para el traspaso de Rodalies, Pere Macias, lo explicó esta semana con cruda franqueza: la pérdida de personal técnico en Adif y Renfe ha debilitado el mantenimiento preventivo; las vías se reparan cuando ya han sufrido algún desperfecto, resumió. Corregir este deterioro acumulado requerirá al menos veinte años de inversión sostenida.

Las crónicas de la época cuentan que el primer tren que circuló en España, en 1848, cubrió Barcelona–Mataró en 35 minutos sin paradas. Casi mejor no calcular lo que tarda hoy la R1 para cubrir el mismo trayecto.

El verdadero milagro cotidiano de Rodalies es la capacidad de aguante de sus viajeros, la gran mayoría usuarios cautivos sin alternativa real de desplazamiento. Hay algo profundamente admirable en esos 300.000 pasajeros diarios y en su paciencia heroica y casi siempre silenciosa.

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