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El Barça y la voz del socio

Ahora les toca a los electores apostar por la honestidad, no solo por los triunfos deportivos

Laporta y Font, durante el debate de este jueves.

Laporta y Font, durante el debate de este jueves. / MANU MITRU / EPC

Las elecciones a la presidencia del FC. Barcelona no dejan de ser, estrictamente, las de una entidad privada a las cuales están llamadas a participar poco más de 100.000 personas, 114.504, para ser exactos, según el último censo de socios con antigüedad de un año y mayores de edad. Sin embargo, por la trascendencia social del club y por la repercusión en los medios –con campañas similares a las políticas– van más allá de la mera disputa del cargo y se convierten en un acontecimiento que reclama una atención singular. En parte, por la carga simbólica del Barça (fiel aún al lema “més que un club”, ideado por Narcís de Carreras en los años 60 del siglo XX); y, en parte, porque hay muy pocos clubes de élite que puedan presentar el activo de poder elegir a sus representantes a través de un sistema democrático en el que los asociados tienen la última palabra, aunque este control social haya sido más que relativo entre elección y elección. El fútbol profesional, hoy en día, es una amalgama de intereses corporativos y de inversiones millonarias en la que los aficionados no tienen voto y solo pueden ejercer su voz, de vez en cuando, desde las gradas. En este sentido, la singularidad del Barça, conjuntamente con el Athletic Club y el Real Madrid, es que la titularidad del club pertenece a la masa social.

Este es justamente uno de los puntos capitales que se ha debatido a lo largo de los últimos cinco años, desde que Joan Laporta accedió a la presidencia en marzo de 2021, en su segunda etapa como máximo dirigente. En plena pandemia y después de un mandato, el de Josep Maria Bartomeu, repleto de dificultades y de decisiones controvertidas, con querellas judiciales y mociones de censura, y con una situación económica crítica, con una deuda elevadísima y prácticamente en quiebra contable, la voluntad de Laporta, que se impuso por amplia mayoría a Víctor Font y Toni Freixa, fue evitar el colapso económico, recuperar la competitividad deportiva e iniciar las obras del nuevo Spotify Camp Nou.

Cinco años después, las elecciones de este domingo se plantean en buena medida como una reválida a la gestión laportista: con menos dudas sobre los resultados deportivos que sobre el futuro económico de un club aún insoportablemente endeudado y un nuevo estadio sobre el que pasan demasiadas incógnitas. Font vuelve a ser candidato– esta vez, en un duelo cara a cara– y ha aprovechado la campaña electoral para poner sobre la mesa temas candentes del club que reclaman la necesaria transparencia que exigen los socios y el entorno. Las elecciones, más allá de las diatribas dialécticas, tienen a su favor que hacen posible un debate sobre la honestidad en la gestión económica, en la parcela deportiva y en los proyectos de ampliación de las instalaciones.

Lo más positivo del ciclo electoral –por encima de los detalles que han enmarcado la campaña: el caso Messi, la atención al socio, la grada de animación, las críticas a Deco, el coste del nuevo Camp Nou, las dudas sobre las palancas inversoras o el 'fair-play' financiero– debería ser que una alta participación, superior a una media inferior al 50% en las últimas convocatorias, certificase que el Barça está vivo, que la esencia barcelonista se mantiene y que la democracia, el debate, la crítica o la defensa de un legado, forman parte del ADN azulgrana. Ahora les toca a los socios apostar por la honestidad, no solo por los triunfos deportivos.