Opinión | Bloglobal

Periodista
La guerra de Irán desquicia la economía

Imagen del petrolero noruego 'Front Altair' en llamas y un buque cisterna, atacados el jueves en el golfo de Omán. / STRINGER / EFE
Con los precios del petróleo y del gas desquiciados, la tendencia de Donald Trump a los anuncios sorprendentes y las declaraciones confusas contribuye a que el desquiciamiento se adueñe de los mercados energéticos, de por sí propensos a la histeria. Al mismo tiempo que la Agencia Internacional de la Energía libera 400 millones de barriles para contener el encarecimiento, dice el presidente que Estados Unidos ya ganó la guerra, aunque “queda trabajo por hacer”; sucede luego que Irán alcanza a dos petroleros iraquís procedentes de Basora, misiles de la república islámica dañan a varios países árabes del golfo y, sin solución de continuidad, Israel multiplica los bombardeos en el Líbano. Obviamente, la manipulación de la realidad alimenta la desesperanza, acrecienta la confusión y desorienta a los analistas, que no osan ir más allá de aventurar que Trump cogió su fusil sin precisar los objetivos y prever las consecuencias. El diario Le Monde deduce de todo ello que es “una nueva manifestación del carácter errático e inconsecuente de su política”.
Los inversores que operan en las bolsas, montados en una montaña rusa, detectan en la Casa Blanca creciente inquietud por la imprevisión o ligereza de la orden de ataque y por la imposibilidad de dar marcha atrás en horas veinticuatro y serenar la economía. En la jerga de los operadores vuelve “Trump always chikens out” (Trump siempre de desinfla), con la particularidad de que, el gran aliado en la guerra, Israel, tiene meridianamente claros los objetivos a alcanzar -el sometimiento libanés y la liquidación del régimen de los ayatolás- y al otro lado del campo de batalla la dirigencia iraní no da señales de estar dispuesta a detener el contrataque. Como predijo Richard Haass, “si bien se necesita un bando para iniciar una guerra, se necesitan dos para ponerle fin, e Irán ahora tiene voz y voto en la magnitud y duración de este conflicto”. Es decir, el calendario es suyo.
De ahí el pulso alterado en las filas del Partido Republicano a menos de ocho meses de las elecciones de mitad de mandato. Angustia a los candidatos que defenderán su escaño en ambas cámaras y a los que aspirarán por primera vez a entrar en el Congreso la perspectiva de una campaña con la inflación en ascenso, los carburantes encarecidos, la imposibilidad de corregir el rumbo a corto plazo y tres de cada cuatro votantes contrarios a la guerra. Un exasesor de los republicanos sostiene que Pete Hegseth, secretario de Defensa, es la peor influencia posible para gestionar un desenlace rápido del conflicto, precursor de un belicismo sin límites e incapaz de atenerse al pernicioso efecto que una economía descontrolada puede tener en los resultados de noviembre.
Para medios de tradición conservadora como The Wall Street Journal, el empantanamiento en Irán da pie a “malos presagios de futuro” y puede dañar a medio plazo los intereses de los tecnoligarcas. Según el exasesor, es imposible afrontar una campaña electoral con buenas sensaciones con el petróleo por encima de los 90 dólares/barril y el gas por encima de los 50 dólares/MWh. Para la prensa liberal, es todo un síntoma que en las primarias del Partido Demócrata en Texas haya ganado las primarias para optar a un escaño en el Senado un progresista de discurso amable como James Talarico, que se ha impuesto a Jasmine Crockett, una representante del establishment del partido. Para todos los intérpretes de la opinión pública, que no menos del 30% del universo MAGA se declare contrario a la guerra resulta demoledor para las aspiraciones republicanas si además, como parece, el coste de la guerra puede ser el gran resorte que active la participación.
Completan el desquiciamiento las paradojas más obvias: Rusia, gran socio para liquidar la guerra de Ucrania y hacer negocios, es también la potencia que critica el ataque y renueva su apoyo a Irán, aliado suyo y suministrador de drones; Vladimir Putin saca partido al bloqueo del estrecho de Ormuz con una cartera de pedidos en crecimiento o, lo que es lo mismo, con renovados ingresos para financiar la guerra de Ucrania. “Pensando fuera de la lógica más elemental”, se señala en un comentario de Fareed Zakaria, editor del semanario Time. Ni siquiera Donald Rumsfeld, secretario de Defensa de George W. Bush, tan insuficientemente previsor en la segunda guerra del Golfo, alcanzó las cotas de improvisación y falta de perspectiva de estos días. Sigue sin saberse en qué momento la Casa Blanca dejó de prestar atención al dictamen de muchos uniformados, reacios a iniciar la guerra, y de parte esencial del mundo financiero, que teme con razón que una economía herida por la inflación hará imposible que la Reserva Federal baje los tipos de interés aunque dirija la institución un afecto a Trump.
Un espacio de incertidumbres acrecentadas degrada la política a escala universal y se echa en falta lo que, quizá en otro tiempo, se llamó altura de miras. Se dan así episodios desconcertantes como las manifestaciones de Ursula von der Leyen, preñadas de una Realpolitik digna de mejor causa, corregidas a toda prisa, de lunes a miércoles de esta semana, sin que se sepa muy bien si tal rectificación fue fruto de la convicción o de la necesidad acuciante de acallar a sus críticos, tan cuantiosos. Carece la Unión Europea de los medios y la unanimidad necesaria para desempeñar un papel decisivo en el desarrollo de la crisis, pero abunda en la debilidad cuando desde lo alto de la institución se impugnan las voces, numerosas y de todos los colores, que invocan con acierto la necesidad de respetar el derecho internacional y la vía diplomática para solventar los disensos. Discursos como los de Von der Leyen tienen la rara virtud de respaldar, sin decirlo, opiniones tan toscas como las de José María Aznar, destinadas a alimentar la confusión y aun a insinuar que quienes se oponen a la guerra mutan en aliados del régimen iraní, tan alejado este desde hace décadas de la más elemental decencia, tan enfangado en el desprecio permanente por los derechos humanos.
Es innecesario recordar quiénes iniciaron la guerra y hasta qué punto Binyamin Netanyahu arrastró a Donald Trump al campo de batalla. Pero es obligatorio insistir en que el único factor de corrección que ha llevado al presidente a buscar un atajo para salirse de la guerra o, por lo menos, detenerla ha sido la crisis energética que se cierne sobre la economía mundial. Resulta poco menos que imposible admitir que no sopesó la Casa Blanca el riesgo de que petróleo y gas no se vieran afectados por el ataque a Irán; se antoja más verosímil que la facción más efervescente de la Casa Blanca vislumbrara una guerra corta con el hundimiento inmediato de los ayatolás. Una conclusión absurda, en cualquier caso, porque el régimen de los clérigos y sus secuaces no tiene una alternativa viable diferente a luchar por su supervivencia, algo que hace imposible aplicar en Irán la fórmula venezolana: dar con una facción que se someta a la voluntad de Estados Unidos sin desarmar la jerarquía, la estructura y la red de intereses forjada por la república islámica desde 1979.
- Llega a España concizumab, la primera terapia para todos los tipos de hemofilia que padecen 3.000 españoles
- El juez ordena a la Guardia Civil que localice al cantante Francisco por un pleito por impago de la pensión a su hija
- Un equipo médico de Barcelona regenera el tendón de Aquiles sin cirugía mediante células madre cultivadas: 'Permite al paciente andar sin yesos ni férulas
- Los italianos ya compran más viviendas que los marroquíes: representan el 11,8% de las compraventas realizadas por extranjeros residentes en Catalunya
- La CIA aconsejó al Pentágono y la Casa Blanca tener bases en España por su 'evidente importancia para la defensa occidental
- Los funcionarios de los ayuntamientos quedan excluidos de la reducción general de jornada a 35 horas semanales
- Una mujer de 80 años con escoliosis severa se recupera tras una intervención pionera en Barcelona: 'A los pocos días ya andaba
- Aarón Martínez, el adolescente que hace arte con un boli Bic, estrena su primera exposición