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Las razones de Von der Leyen

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, habla durante un debate conjunto sobre la preparación de la reunión del Consejo Europeo del 19 y 20 de marzo de 2026 y sobre la operación militar estadounidense-israelí contra Irán, en el Parlamento Europeo en Estrasburgo, en el este de Francia, el 11 de marzo de 2026. (Foto de FREDERICK FLORIN / AFP)

La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, habla durante un debate conjunto sobre la preparación de la reunión del Consejo Europeo del 19 y 20 de marzo de 2026 y sobre la operación militar estadounidense-israelí contra Irán, en el Parlamento Europeo en Estrasburgo, en el este de Francia, el 11 de marzo de 2026. (Foto de FREDERICK FLORIN / AFP) / FREDERICK FLORIN / AFP

Demasiado a menudo, la opinión pública española mira la política internacional única y exclusivamente con las gafas de la política interna. Ha ocurrido con unas poco claras declaraciones que hizo el lunes la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en el sentido de que Europa ya no "puede ser la guardiana del viejo orden mundial". Los más forofos de Sánchez interpretaron que estaba defendiendo el mundo sin reglas de Donald Trump y se apresuraron a poner en valor las correcciones del presidente del Consejo, António Costa, y de la vicepresidenta de la Comisión, la española Teresa Ribera, ambos de la familia socialista. También es cierto que, desde el Partido Popular Europeo, no salió casi nadie a defender en público a Von der Leyen, entre otras cosas porque la política exterior no está en manos de la Comisión y, si lo estuviera, la Comisión es un órgano colegiado del que la presidenta no se puede desligar en una declaración de este tipo. Esta coyuntura la han aprovechado los partidarios de Sánchez para hablar dramáticamente de una "ruptura en Europa". Pero lo cierto es que el que está menos acompañado es, en todo caso, el presidente español y no la presidenta de la CE.

La presidenta de la Comisión se ha limitado a constatar una evidencia. Donald Trump ha roto el viejo orden mundial. Y ese parece, hoy por hoy, un camino sin retorno

Dicho esto, Von der Leyen se ha limitado a constatar una evidencia. Donald Trump ha roto el viejo orden mundial. Y ese parece, hoy por hoy, un camino sin retorno. Von der Leyen ha hecho bien en dejarlo claro, más allá de su ideología y de sus competencias. Otra cosa muy diferente es pretender que la única alternativa a ese viejo orden obsoleto sea defender un mundo sin reglas. Como aclaró ayer la propia Von der Leyen, se puede defender un mundo con otras reglas. Una propuesta no muy diferente de la que hizo en Davos el primer ministro de Canadá, Mark Carney. Por decirlo con las categorías de política interior española, no se trata de recuperar un vetusto "no a la guerra" sino de entonar un "no a esta guerra" en las condiciones y en la forma en que la ha planteado Trump. Ese es el punto de consenso que hay ahora en la UE y no el que defiende el presidente español, en base a un lema de cuando el viejo orden funcionaba con sus reglas y con sus dosis de hipocresía. A pesar de algunos cenizos y de que el Gobierno español quiera llevar el agua a su molino, la UE ha tomado las riendas de su política exterior y de defensa, moviéndose en función de sus propios intereses y no de los de Estados Unidos o los de la actual administración norteamericana, sin caer en la trampa de defender a Maduro o a los ayatolás, como señaló el lunes la propia von der Leyen.

La principal polarización no es ahora entre derecha e izquierda, o entre Occidente y el mundo musulmán, o entre el Este y el Oeste. La confrontación es ahora entre grandes áreas económicas y Estados Unidos no tiene a la UE en su ámbito de influencia porque a Trump no le gustan las reglas, mucho menos las de la UE. Y lo que tiene que hacer Europa, como dijo Von der Leyen y como coinciden Meloni y Sánchez, es defender sus intereses ahora sin el manto militar de Estados Unidos pero sin caer en el infantilismo de convertir a los enemigos de Trump en sus amigos. Hacer un camino propio es más exigente, pero es el único camino posible.