
Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.
Error Trump, lío en Bruselas
Europa está impotente ante la sucesiva ruptura del orden internacional ahora por el presidente americano en Irán y antes por Putin en Ucrania
Trump: "La guerra va genial"
Von der Leyen rectifica y dice ahora que la UE "siempre defenderá" el orden internacional

Lucía Feijoo Viera
Trump y Netanyahu han atacado a Irán. Son palabras mayores porque Irán no es Venezuela. Y los ayatolás son algo más consistentes -y más terribles- que los 'podemitas' de Caracas. Y mandan en el estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% del petróleo y gran parte del gas natural. La clave es saber cuánto durará la guerra. Si es corta, la perturbación económica será limitada, aunque la región pueda quedar más inestable. Si es larga, la subida del petróleo puede ir a más y…
Los mercados, no saben, no contestan. Las bolsas están histéricas. Caen y luego -cuando Trump dice que la guerra acabará pronto- repuntan. Pero ayer volvían a bajar. Y la tendencia es hacia una subida de los tipos de interés por el miedo a la inflación. El bono español a 10 años, que estaba en el 3%, ha saltado al 3,39%, y es una pulsión general. Y el Euribor tuvo el lunes la subida más fuerte en casi 20 años. La inflación preocupa, los tipos de interés lo acusan y flota el miedo a que la guerra dure.
¿Se ha metido Trump -dopado por el éxito de Venezuela- en una aventura descabellada? Los ayatolás debían haber previsto un ataque americano y elaborado un plan de respuesta. Y hay analistas que sostienen que la guerra de Trump ha sido en parte improvisada y que Netanyahu haya sido decisivo. ¿Puede acabar Trump la guerra cuando quiera, diciendo que ya ha logrado sus objetivos? No puede enviar tropas sobre el terreno porque los americanos -aparte de la inflación, que fue un talón de Aquiles de los demócratas- no quieren más muertos. La memoria de Vietnam, Irak y Afganistán está viva y Trump hizo bandera de acabar con todas las guerras. Pero solo Trump tiene las claves de Trump.
De lo que no hay duda es que la conjunción de la guerra de Ucrania (Putin) y de la de Irán (Trump) ha sumido a Europa en un gran desconcierto. Casi nadie quiere separarse de Trump -se necesita que no abandone a Ucrania-, pero casi todos están contra las consecuencias políticas (que el derecho internacional no valga nada) y socioeconómicas de la guerra. El alemán Merz teme que la desestabilización de Irán provoque oleadas inmigratorias a Europa. Starmer no quiere ser Blair y ha tomado sus distancias. Macron sueña con una imposible reacción europea para desbloquear el estrecho de Ormuz. El nuevo primer ministro holandés -que se ha quitado de encima a la extrema derecha- ha expresado sus reservas. Y Sánchez ha abrazado la posición más crítica con su “no a la guerra”. Aunque Meloni -que tiene un importante referéndum sobre la justicia dentro de unos días- tampoco ha consentido el uso de sus bases. ¿Sánchez y Meloni, unidos por un día?
Flota el miedo a que la guerra dure, que la subida del petróleo dispare la inflación, que los tipos de interés tiren al alza... y que la economía mundial lo acuse con intensidad
Y el lío ha llegado a Bruselas. Ursula Von der Leyen, la presidenta de la Comisión, ha dicho que “Europa ya no puede ser la guardiana del viejo orden mundial, de un mundo que se ha ido y no volverá” y que “aunque la UE siempre defenderá un mundo basado en reglas, ya no puede confiar en él, y ya no sirve para defender sus intereses”. Algo excesivo y extralimitándose en sus funciones. Por eso, el presidente del Consejo Europeo (el órgano de los estados), el socialista António Costa, ha replicado: “Los europeos debemos defender el orden internacional basado en normas…este mundo multipolar requiere soluciones multilaterales, no esferas de influencia, donde el poder reemplaza al derecho”.
¿Batalla de competencias entre Ursula y Costa? ¿Visión conservadora frente a otra progresista? Hay mucha exageración y Von der Leyen ha matizado sus palabras. Pero, Ucrania más Irán, o Putin más Trump (y la sombra de China), son la prueba viva de que el antiguo orden internacional ya no rige y que, pese a ello, Europa debe existir y navegar. Pero, ¿cómo, si Europa no es un Estado sino un club de 27 estados y no tiene -aparte de la OTAN- una defensa común? Y, además, Ursula y Costa se pelean por el teléfono cuando ninguno de los dos tiene legitimidad para ser la voz de Europa.
Por eso es pretencioso el ministro Albares cuando dice que “allí donde no hay derecho, solo existe la fuerza… la ley de la selva…si seguimos apostando por el desorden, llegaremos al caos.” Ya estamos ahí. Llevamos 4 años en Ucrania y casi dos semanas en Irán. Mientras, Bruselas discute y Pedro Sánchez saca pecho. Pero, ¿qué demonios piensa Trump?
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