
Periodista
Uno y el escritor de moda
Entrevista en el Diari de Girona: David Uclés: "Vull que posi que no em sento còmode amb l'entrevista"

Retrato de David Uclés en Casa Batlló, el dia 4 de febrero de 2026 / Pau Gracia / EPC
Uno va con toda la buena fe del mundo a hacerle una entrevista al escritor de moda, uno se sienta en una terraza con el escritor de moda, uno pide una cerveza y el escritor de moda pide un Cacaolat, mal empezamos, piensa uno, qué cosas bebe el escritor de moda, bueno, es joven, será que sus padres le tienen prohibido el alcohol (uno intenta ser benévolo). Encima no hay Cacaolat, debe de ser el único bar del mundo sin Cacaolat, con lo que el escritor de moda piensa que uno le ha llevado ahí aposta, por joder, y la cosa pinta ya definitivamente mal.
Así que, al cabo de poco, el escritor de moda asegura no sentirse cómodo en la entrevista, y uno da por hecho que se refiere a la silla donde lleva diez minutos sentado (sin Cacaolat y con sillas incómodas, debe considerarlo el peor bar del mundo). Servicial como soy, estoy a punto de ofrecerle mi regazo para que se siente ahí, hace años que nadie lo ocupa, pero en su momento mis hijos no tuvieron ninguna queja, es un regazo no muy amplio, tampoco muy mullido (demasiadas sentadillas en el gimnasio), pero soy capaz de suplir esas deficiencias estructurales con cariño, abrazando al escritor de moda e incluso cantándole alguna canción infantil, a ver si así está cómodo, con mis hijos resultaba. La boina -el escritor de moda lleva boina- puede ser un problema si el rabo me da en un ojo, será cosa de andar con ídem. En el último momento rechazo la idea: Gerona es una ciudad casposa y no conviene que nadie me vea con el escritor de moda en el regazo, uno es hombre casado y prefiere no dar pie a habladurías. El escritor de moda deberá seguir incómodo.
Resulta que al escritor de moda no le incomoda -valga la redundancia- la silla, sino mis preguntas, hay que ver, que, jura, le han provocado taquicardias y tiene el corazón delicado. Uno, previsor, no puede evitar echar una ojeada alrededor por si hay un desfibrilador cerca, nunca se sabe. No lo hay. Llegado el caso, uno tendría que proceder a masaje cardíaco y boca a boca al escritor de moda, lo cual provocaría más habladurías que sentarlo en el regazo. Dejarlo morir no es una opción, me valdrá un salto a la fama - ”el escritor de moda estira la pata por las preguntas de Soler”- pero nadie más querrá entrevistarse conmigo. Mejor me voy. Uno deja al escritor de moda en el bar.
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