
Director de EL PERIÓDICO
¿Para qué sirve el chiringuito de Vox?

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Desde la crisis financiera del 2008, una masa heterogénea, variada y variable de electores se mueve buscando un partido que desarbole el «régimen del 78» al que determinados medios de comunicación (a veces de derechas, a veces de izquierdas) culpan de todos los males que aquejan a los ciudadanos. El emérito, la Gürtel, Bárcenas, los Pujol, los ERE, Ábalos y Koldo alimentan ese malestar que excita las más bajas pasiones de los electores y les lleva a un voto compulsivo fruto de un malestar que tiene causas objetivas: problemas de acceso a la vivienda, salarios bajos en relación a los niveles y esfuerzos de formación, exceso de burocracia, impunidad frente a la corrupción,... Desde el 'procés' este malestar lo está capitalizando Vox, una formación heterogénea en sus orígenes pero piramidal en su funcionamiento. Una coalición de rebotados del PP, empresarios libertarios, nostálgicos del franquismo, meapilas y puteros. De vez en cuando, como esta semana con Ortega Smith, alguno se rebota pero es rápidamente fulminado por el dedo de Santiago Abascal siempre protegido por Kiko Méndez Monasterio, la familia Ariza y Jorge Buxadé que son quienes controlan lo que la propia Vox llamaría su «chiringuito» en el que tienen un sofisticado sistema de 'cash polling' que les da un poder absoluto. Las delegaciones territoriales no son ni franquicias, son meras terminales que recaudan de los salarios de los parlamentarios que hacen de extras con Abascal durante las campañas electorales como ahora en Castilla y León.
Un partido que no quiere, ni puede, tener poder
Tras un breve paso por algunos gobiernos autonómicos y municipales después de las elecciones del 2023, Vox ha ido abandonando toda responsabilidad de gobierno. Para sus palmeros es una jugada audaz ya que de esta manera evitan todo desgaste. Algo de eso hay, pero la realidad es que este modelo de partido lo convierte en una organización incapaz de captar cuadros técnicos para ejercer responsabilidades de gobierno. Su cantera de diputados está formada por fanáticos a los que se les permite decir y hacer barbaridades siempre sean sumisos a la cúpula central. Y aunque los dirigentes estén muy formados, como Buxadé, la realidad es que algunos, como los Ariza, destacan por haber emprendido siempre aventuras empresariales que han acabado en concursos de acreedores, aunque ahora, gracias a la máquina de Vox estén recuperando casi todo lo que perdieron. De manera que siempre nos queda la sospecha de que la voluntad de no gobernar responde tanto a una táctica electoral como a una imposibilidad material. El malestar que tenían que representar en Extremadura se ha quedado en simple pataleta contra María Guardiola. Ningún beneficio para los extremeños.
¿Por qué nadie les critica?
Tanto el PP como el PSOE, por razones distintas y opuestas, dedican a Vox solo críticas de brocha gorda. Ambos necesitan a Vox, Feijóo para llegar algún día a gobernar y Sánchez para mantenerse en el gobierno. De manera que el primero habla de ellos lo mínimo posible y el segundo los pone en la camarilla de Trump, Le Pen, Millei,... pero no los disecciona como chiringuito. La cúpula que controla la caja central de Vox levanta igualmente un escudo que repele toda crítica externa procedente de los medios de comunicación convencionales con las mismas técnicas con las que las sectas atrapan a sus miembros. Un mundo que los meapilas conocen muy bien. El malestar es su fuente de captación y el fanatismo su sistema de retención mientras PP y PSOE se limitan a ridiculizarlos con estereotipos más del siglo XX que del siglo XXI.
Surfeando sobre Trump
El último componente del fenómeno Vox es su capacidad de navegar sobre la ola internacional del trumpismo. Forjados en el mismo caldo de cultivo, Abascal y Trump no tienen casi nada en común a pesar de que se apoyan por la capacidad desestabilizadora que se reconocen mutuamente. Esos agricultores que entregan su voto a Abascal contra la UE son ahora las primeras víctimas de los aranceles de Trump, y de la inflación por la guerra de Irán. La comandita del presidente norteamericano con Netanyahu exaspera a los antisemitas del conglomerado. Malestar y expectativas de destrucción del sistema alimentan a Vox pero el voto que recibe solo sirve para alimentar esa caja central que controla la cúpula y que se multiplica si se provocan elecciones cada dos por tres. Luego se darán el piro.
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