
Presidenta de la Coordinadora Catalana de Fundacions.
La igualdad de las mujeres se construye cada día
En un contexto global donde los derechos de la mujer siguen cuestionados en muchos lugares del mundo, hay que reivindicar el papel de la sociedad civil organizada como garantía democrática
Video: Atlas News // Foto: EFE- SALAS
En Catalunya, las mujeres cobran de media cerca de un 17% menos que los hombres. Asumen casi el 70% de las tareas de cuidados no remuneradas. En el Estado, cada año se registran decenas de miles de denuncias por violencia machista. Una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida. El abuso sexual infantil afecta mayoritariamente niñas y adolescentes. Y las madres en situación de vulnerabilidad afrontan la maternidad con más precariedad y riesgo de exclusión social.
Estas cifras no son estadísticas frías. Son trayectorias vitales condicionadas, oportunidades limitadas y derechos que no siempre se pueden ejercer en igualdad de condiciones.
Ante este contexto, la igualdad no puede ser solo una declaración institucional ni una conmemoración anual. Tiene que ser una respuesta organizada, sostenida, cívica y profesional. Desde el mundo fundacional, esta respuesta se concreta cada día en proyectos que generan oportunidades, reducen desigualdades y acompañan a mujeres en situaciones de vulnerabilidad.
En Catalunya, numerosas fundaciones trabajan directamente con mujeres que afrontan situaciones de exclusión, violencia o precariedad. Muchas de ellas comparten una convicción: sin autonomía económica no hay igualdad real.
En el ámbito de la inserción sociolaboral, fundaciones como Ared, Dona i Treball, Surt, Quiero Trabajo, Aroa, Sorli o Maria Aurèlia Capmany impulsan itinerarios de ocupación, formación profesional, orientación laboral y acompañamiento personalizado dirigidos especialmente a mujeres en situación de vulnerabilidad —muchas de ellas madres solas, supervivientes de violencia o afectadas por trayectorias de precariedad. Su tarea no se limita a facilitar un trabajo: construyen autonomía, refuerzan competencias y abren oportunidades que rompen círculos de exclusión.
Otras fundaciones lo complementan con misiones específicas en ámbitos clave para la garantía de derechos. La Fundació Maria Raventós ofrece apoyo residencial y educativo a mujeres jóvenes con hijos a cargo sin red familiar ni recursos suficientes, integrando acompañamiento social, formación e inserción laboral con una mirada integral que tiene en cuenta tanto a la madre como los niños. En el caso de la Fundació Fidem, impulsan el crecimiento personal y profesional para la visibilidad de las mujeres y su influencia a la sociedad y en los espacios de decisión.
En el ámbito de las violencias machistas, la Fundación Ana Bella trabaja con mujeres supervivientes, convirtiendo la experiencia de superación en motor de transformación social, mientras que la Fundació Vicki Bernadet es referente en la prevención y la atención integral del abuso sexual infantil – que afecta mayoritariamente a las niñas -, contribuyendo a la reparación y al cambio cultural necesario.
También fundaciones de raíz territorial, como la Fundació Fàtima, desarrollan proyectos socioeducativos en barrios con elevados índices de vulnerabilidad, donde muchas mujeres asumen en solitario la responsabilidad familiar, reforzando el trabajo comunitario y la cohesión social.
Cuando una fundación acompaña a una mujer en su itinerario laboral, contribuye a reducir la brecha salarial. Cuando ofrece apoyo a una madre joven sin recursos, rompe un círculo de precariedad. Cuando trabaja en la prevención de la violencia, protege derechos fundamentales. Cuando impulsa programas con perspectiva de género, está construyendo igualdad a largo plazo. Una suma de movimientos que cambian vidas y transforman la sociedad de manera estructural.
Este es el valor diferencial del modelo fundacional: combinar proximidad y profesionalidad, compromiso social y rigor en la gestión, acción directa y cambio sistémico.
Los datos con que empezábamos este artículo no son inevitables. Son el resultado de desigualdades estructurales que pueden y tienen que ser corregidas.
En un contexto global donde los derechos de las mujeres continúan cuestionados en muchos lugares del mundo, hay que reivindicar el papel de la sociedad civil organizada como garantía democrática.
La Coordinadora Catalana de Fundacions quiere reconocer la tarea de todas las fundaciones que trabajan cada día por la igualdad entre hombres y mujeres. Porque la igualdad no es una consigna anual. Es una responsabilidad colectiva. Y las fundaciones, cada día, la hacen posible.
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