
Periodista
El tirón del forofismo 'triomfant'
Para Laporta, que viene de un doblete, es agua bendita que en el palco del Bernabeu pasen su peor momento después de años de gloria europea

El aspirante a la presidencia del FC Barcelona Joan Laporta en una imagen de archivo. EFE/Marta Pérez / Marta Pérez / EFE
No por inesperado, el apoyo de Joan Gaspart a Laporta es indicativo del sentir de una parte del barcelonismo. Menos significativo es el aval de Xavi Hernández a Víctor Font. Gaspart y sus pullas de hace 20 años están olvidadas mientras lo de Xavi aún supura. Qué duda cabe que el bueno de Xavi quisiera un 'revival'. ¡Y quién no! Con toda crudeza se lo grabaron a Florentino Pérez. Jubilarse profesionalmente en el Madrid, como en el Barça, es un sueño húmedo. A menos que la vida como entrenador internacional te sonría -caso Guardiola- o los negocios te vayan como un tiro.
Gaspart comparte su forofismo con Laporta. Nada que ver con el recio Font, infinitamente más comedido que el huracán Laporta. Es paradójico, en ese punto, que la masa social del Barça, los socios con abono, los que acuden al campo, sean mucho más sosos. Nada que ver con el ambiente que se respira en estadios como Anoeta o San Mamés. O al lado de casa, en Cornellà, donde la afición ruge. Y ya no digamos en escenarios como Anfield Road (merece la pena ir solo por el ambientazo) o canchas al otro lado del Atlántico, como La Bombonera. El Barça juega en otra liga del griterío, pese a que su presidente podría ser el hincha del megáfono al frente de la afición más ruidosa.
Poco parece importarle al socio si el 'New York Times' pone patas arriba la economía 'culer'. No es que el Barça esté endeudado, como todos en España, es que lidera con números rojos de vértigo. Sin Goldman Sachs, la entidad santo y seña del catalanismo popular ya estaría quebrada. Para cuando llegue el momento de zanjar el crédito, los prestamistas de Manhattan querrán cobrar hasta el último dólar. Dios no quiera que el coste de las obras del Spotify Camp Nou se dispare y que las optimistas previsiones de ingresos se queden cortas. Además, se plantea que el socio pague menos, cuando le sale por un tercio de lo que abona un merengue. Aunque lejos de los precios populares de clubes como el Bayern Múnich, de ejemplar gestión económica.
Eso sí, el fetichismo 'culer' no acaba otra vez con una inflación salarial, como en el reinado de Messi. Pero sin ningún talento como él. La ridícula comparación con Lamine no aguanta ningún análisis serio. Claro que sin el bochorno de la escenificación del ‘10’ de Ansu Fati. Y sin contar con que el joven Messi compartía camiseta con tipos como Ronaldinho. O nueves natos como Eto’o. De este carece el Barça y por eso la Champions le queda grande. Por eso no pudo levantar un resultado adverso contra los del Cholo, que tampoco son nada del otro mundo, aunque en su estadio ridiculizaran al equipo de Hansi Flick. De hecho, lo del entrenador alemán es casi un milagro. Apura lo que tiene y cuando pintan bastos acude a algún saldo (Joao Cancelo) o se trae a descartes, como Rashford.
Para Laporta, que viene de un doblete, es agua bendita que en el palco del Bernabeu pasen su peor momento después de años de gloria europea, cuando el Barça caía un año tras otro con estrépito. Ahora, por el contrario, el socio podrá votar ante el Sevilla con el equipo liderando. Así las cosas, la campanada sobria parece una quimera.
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