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Opinión | 8M
Carme Poveda

Carme Poveda

Directora del Observatori Dona, Empresa i Economia y directora de Análisis Económico de la Cambra de Comerç de Barcelona. Miembro del Comité Editorial de EL PERIÓDICO

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El sesgo de género en salud cuesta vidas

Muchas enfermedades que afectan principalmente a las mujeres siguen infrafinanciadas y poco investigadas

El sesgo de género mata, y no es una exageración

El sesgo de género en la salud: ictus, infartos y migrañas dañan más a las mujeres que a los hombres

La medicina moderna ha avanzado de forma extraordinaria pero sigue arrastrando un sesgo de género profundo, porque se ha construido sobre un patrón masculino universal. Las consecuencias de que los ensayos clínicos, diagnósticos y tratamientos no incluyan diferencias por sexo o género, pueden ser mortales para muchas mujeres. Además, los diagnósticos tardíos y los tratamientos inadecuados incrementan el gasto sanitario y reducen la productividad laboral de la mitad de la población.

La biomedicina ha documentado diferencias entre sexos en la evolución clínica de numerosas patologías. La pionera en denunciarlo en España fue la Dra. Carme Valls. La OMS también ha prestado atención a la brecha de género que afecta especialmente a las enfermedades cardiovasculares, la primera causa de muerte femenina a nivel mundial. En el imaginario colectivo se asocia el infarto al dolor torácico y al brazo izquierdo, pero muchas mujeres presentan síntomas diferentes, como dolor abdominal, dificultad para respirar, náuseas o fatiga. La falta de reconocimiento de estas señales de alarma explica la mayor mortalidad femenina después de sufrir un ictus.

La prescripción farmacológica es otro ámbito donde la ausencia de perspectiva de sexo genera riesgos para la salud femenina, puesto que dosis definidas sobre patrones masculinos pueden comportar sobredosis en mujeres, dada la diferente composición corporal o la velocidad de filtrado renal.

Los sesgos se extienden igualmente a los trastornos del neurodesarrollo. En el TDAH o el Asperger, la presentación femenina es menos disruptiva que en hombres y puede manifestarse con desorganización, distracción o introversión. Esto hace que sea menos detectado por el sistema educativo y sanitario. Según un estudio del Reino Unido (2012), solo el 8% de las niñas con síndrome de Asperger obtuvieron el diagnóstico antes de los seis años frente al 25% de los niños.

Ante un episodio de dolor, la respuesta terapéutica también suele ser distinta. A los hombres suelen recetarse analgésicos mientras que las mujeres tienen más probabilidades de recibir antidepresivos, porque el dolor es catalogado de emocional.

Paralelamente, muchas enfermedades que afectan principalmente a las mujeres siguen infrafinanciadas y poco investigadas. El síndrome premenstrual, la menopausia, las condiciones de salud materna, el cáncer de cuello uterino y la endometriosis constituyen el 14% de la carga de salud de la mujer, pero recibieron menos del 1% de la financiación mundial en investigación, lo que impulsó la brecha de salud femenina entre 2019 y 2023. La desigualdad es tan notable que hay cinco veces más estudios sobre la disfunción eréctil que sobre el síndrome premenstrual.

Este desequilibrio puede amplificarse en el futuro con el uso de la IA en las pruebas diagnósticas. Si los algoritmos se entrenan con datos no representativos por sexo, corren el riesgo de reproducir y consolidar los sesgos ya existentes.

La superación de este problema exige un cambio estructural que integre la perspectiva de género en todo el ciclo del conocimiento sanitario, empezando por la universidad y continuando con los ensayos clínicos, donde las mujeres representan tan solo el 22% de los participantes en fase 1. Es necesario que la investigación competitiva priorice proyectos que analicen diferencias biológicas por sexo. Sin datos y guías prácticas actualizadas, no habrá cambios. Por último, los indicadores de salud deben medir no solo la longevidad, sino también los años vividos con mala salud, las bajas laborales y la dependencia, todo con una perspectiva de género a lo largo del ciclo vital.

Corregir el sesgo de género en el ámbito de la salud es una condición indispensable para avanzar hacia una igualdad plena y efectiva. El Observatori Dona, Empresa i Economia (ODEE) ha incorporado esta perspectiva en sus indicadores y ha evidenciado que en los últimos años la salud de las mujeres ha empeorado más que la de los hombres. En Catalunya, las mujeres viven cinco años más que los hombres con mala salud y presentan mayor medicalización y diagnósticos de ansiedad. Según el World Economic Forum, reducir un 25% el tiempo que las mujeres pasan en mala salud en el mundo, no solo mejoraría la calidad de vida de millones de mujeres, sino que aumentaría el PIB mundial en 1 billón de dólares en 2040. ¿Se necesitan más argumentos?

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