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Una guerra sin rumbo

Humo y fuego tras bombardeos en una zona central de la capital iraní.

Humo y fuego tras bombardeos en una zona central de la capital iraní. / ATTA KENARE / AFP

A la semana de comenzar, la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán presenta un balance contradictorio, con golpes importantes sobre la maquinaria bélica iraní, importantes grietas políticas entre los aliados de Washington y el riesgo de una extensión del conflicto, particularmente en el Líbano, cuyo territorio ha sido invadido por Israel. Además del número de víctimas civiles que puede rebasar los 1.500 muertos, y de la destrucción de numerosos edificios –entre ellos, una escuela donde murieron 160 niñas iraníes–, los bombardeos han diezmado la capacidad militar del régimen, han vuelto a golpear sus instalaciones nucleares y han descabezado su liderazgo, matando al ayatolá Alí Jamenei. Adoptada de manera unilateral, sin el amparo del Consejo de Seguridad, y sin que Donald Trump consultara la decisión ni con las cámaras ni con los aliados de la OTAN, la guerra presenta un balance militar claramente favorable a los atacantes. Sin embargo, Irán ha mostrado una sorprendente capacidad de respuesta, lanzando una lluvia de drones y misiles a Israel y a una decena de países de la región aliados de Estados Unidos. Con ello, ya es una realidad la regionalización del conflicto, lo que constituía el principal motivo de dudas que tenía el Pentágono para lanzar la ofensiva, y con una afectación económica de dimensiones aún por calibrar.

Una semana después de iniciar la guerra contra Irán, Trump sigue sin aclarar los motivos y objetivos de la intervención

Siete días después de empezar la guerra, Donald Trump sigue sin aclarar los motivos que la precipitaron. En un primer momento, justificó la operación Furia Épica por la necesidad de destruir la capacidad nuclear de uso militar de Irán, en contradicción con la afirmación sostenida sobre su destrucción a raíz de los bombardeos del pasado mes de febrero. Algunos de sus más allegados asesores llegaron a admitir que Estados Unidos se había involucrado en el ataque a remolque de la decisión adoptada por Binyamín Netanyahu. En algún momento, Trump ha argumentado la intervención en defensa de una población civil duramente reprimida por el régimen. Sin embargo, en los últimos días ha insinuado que el ataque militar tiene un objetivo más limitado, de sustitución de Jamenei por una personalidad del régimen más favorable a los intereses de Washington. Y este viernes, que solo aceptaría una “rendición incondicional”. Unida a la falta de legitimación de la guerra, esta confusión ha provocado la perplejidad de la mayoría de los aliados de Washington, desde Canadá hasta Italia, pasando por Francia y el Reino Unido. Aunque la mayoría no han ido tan lejos en sus críticas como España, ello ha provocado un inédito aislamiento de Estados Unidos entre los países de la Unión Europa y la OTAN.

Ante el peligro de un empantanamiento y extensión del conflicto, la comunidad internacional debe aunar esfuerzos para poner fin a la guerra. Es hora de volver a una mesa de negociaciones con Irán para que la diplomacia y la presión permitan poner fin a la muerte y destrucción que provoca la guerra y a la represión del régimen. Y pese a las muestras de desprecio público de Trump, los países que no se han implicado en la ofensiva quizá tengan más capital para convertirse en interlocutores que quienes acabaron con la vida del líder iraní. No será fácil arranca de Irán garantías de que su programa nuclear no vaya a ser utilizado para fabricar bombas atómicas, pero de lo contrario, la guerra puede provocar una situación caótica en Medio Oriente, puede dañar el crecimiento económico y puede agravar los problemas de popularidad que tiene la presidencia de Trump en Estados Unidos.