
Periodista y escritor. Miembro del Comité editorial de EL PERIÓDICO
Más acción y más relato
En el siglo XXI, no hay política sin narrativa. Sin integrar los logros en un discurso que pueda ser leído desde las emociones (entre ellas, la identidad)
Albert Dalmau, conseller de Presidència: "Lo que sería perjudicial para la economía es que se nos rompiera la sociedad"

Reunión del comité editorial de El Periódico en el restaurante El Cangrejo Loco en el balcón gastronómico del Port Olímpic, con presencia del conseller de presidència, Albert Dalmau, junto al director de El Periódico, Albert Sáez, y la directora adjunta, Gemma Martínez, entre otros. Fotografía de Jordi Cotrina / JORDI COTRINA / EPC
El conseller Albert Dalmau se parece a estos robots infalibles que los chinos exhiben, orgullosos. Tiene a Catalunya en la cabeza, y respuesta a todo. Conoce los tramos de Rodalies que están bajo mínimos, cita institutos donde los ratios alumno/profesor son insufribles y otros donde la vida de los maestros es más llevadera, y se sabe de carrerilla cuándo toca ampliar una planta de hospital, o dónde hay que hacer un túnel que debería haberse hecho hace años. No está mal para alguien que pasó media vida en Barcelona. Sus repuestas suelen estar basadas en el conocimiento de los dosieres y en una confianza infinita en la capacidad de gestión del Govern de Salvador Illa. Nada hay que objetar a semejante talante, y más después de una década en la que la gestión tuvo tan poco predicamento en Catalunya. Durante el 'procés', todo era narrativa. Épica, desde luego, pero más basada en el deseo que en el diagnóstico. Así nos va. Las recetas que propone Dalmau a los problemas que padece Catalunya pueden ser discutibles, pero son coherentes con un Gobierno socialdemócrata que necesita el voto de socios situados en la izquierda.
Sin embargo, su actuación y la del Govern resultan menos convincentes cuando se les plantea el déficit que padecen en materia de relato. Esto es, en la capacidad de verbalizar una visión estratégica que dé sentido a la gestión. No es nada nuevo. Pujol tuvo hasta cierto punto esta capacidad. Cada piedra que ponía estaba al servicio de una visión de Catalunya que convenció a muchos antes de que los independentistas se la cargaran. También la tuvo Maragall como alcalde, con la idea de una Barcelona abierta al mar y al mundo (más que como presidente, cuando sustituyó el relato por la huida hacia adelante). En el siglo XXI, no hay política sin relato. Sin integrar los logros en un discurso que pueda ser leído desde las emociones (entre ellas, la identidad). Bien está que mejore la gestión, pero falta relato. ¿Cuál es la Catalunya que él y Salvador Illa tienen en la cabeza?
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