
Escritora
Ponte una gorra
El soberano quiere demostrar que nadie le controla, que el ejército es suyo y que dispone de “un suministro ilimitado” de armas
Trump ha lanzado el ataque contra Irán sin autorización del Congreso ni notificación formal a las Cámaras

Donald Trump en l’entrega de medalles d’honor a veterans de guerra, ahir a la Casa Blanca. | JIM LO SCALZO / EFE
‘Niño, quítate la gorra’, le dice el abuelo al nieto en la mesa. ‘Este soy yo’, reivindica el chaval. ‘Soy como tú’, expresa el político en los mítines. ¿Y Trump? ¿Qué dice Trump cuando anuncia una guerra y sigue su avance luciendo una gorra de béisbol desde su lujosa mansión privada?: ‘Esta es mi corona y este es mi castillo’, clama al mundo.
Una corona que no está bañada en oro, pero que es todo un símbolo en EEUU. La imagen de la espontaneidad, la identidad y el pueblo. ‘Esta también es vuestra guerra’, parece declarar a la ciudadanía. Una agresión militar sin autorización del Congreso ni de la ONU, en medio de negociaciones diplomáticas y sin que haya habido un incidente que pueda sostener la “legítima defensa”. ¿Acaso importa?
El soberano de la gorra quiere demostrar que nadie le controla, que el ejército es suyo y que dispone de “un suministro ilimitado” de armas. Su gobierno ha sustituido a los proveedores tecnológicos con un mínimo de ética por los que le acompañan entusiasmados en la militarización de la IA. Unas empresas que pueden pasar a ser el cerebro de un arsenal nuclear. Convenientemente, hace un mes que expiró el tratado que limitaba las armas nucleares de EEUU y Rusia. Y, también convenientemente, el crudo de Venezuela protege a EEUU de la crisis petrolera del Golfo. El soberano tiene ínfulas de Luis XIV, pero no está loco.
Ojalá los peores augurios no se cumplan. Ojalá ese régimen que reprime de forma brutal a la población y que ha alimentado el “eje de la resistencia” (Hizbulá, hutíes y Hamás) no extienda el terror y la venganza. Ojalá no se produzca un conflicto civil, ojalá no haya contagio regional, ojalá no sean millones los que vaguen en busca de un refugio, ojalá no reviva el terrorismo, ojalá…
Ahora, los carroñeros loan la hazaña. Su relato sigue la pauta de Gaza: condenar un genocidio es defender a Hamás; alertar contra una guerra de imprevisibles consecuencias es defender al régimen iraní. Patrañas simplistas que atentan contra la razón. No pienses, nos dicen, y ponte una gorra.
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