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Opinión | 23F
Albert Soler

Albert Soler

Periodista

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La ministra que oía el 'Cara al sol'

Pensar que desclasificando papeles del franquismo los jóvenes se volverán de izquierdas, feministas, animalistas, veganos y ciclistas, denota no haber tenido hijos y, peor todavía, denota no haber sido nunca joven

El Gobierno desclasifica "toda la documentación encontrada" del 23F con 153 archivos secretos

La ministra de Inclusión Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, durante una rueda de prensa tras el Consejo de Ministros, a 24 de febrero de 2026, en Madrid (España).

La ministra de Inclusión Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, durante una rueda de prensa tras el Consejo de Ministros, a 24 de febrero de 2026, en Madrid (España). / Ricardo Rubio - Europa Press

Uno tiene la impresión de que nos gobierna gente que vive fuera de este mundo, o quizás son alienígenas que habitan entre nosotros. No recuerdo qué ministra -todas me parecen iguales, es decir, igualmente prescindibles, y en eso se ha alcanzado la igualdad de género absoluta, sus colegas masculinos lo son en la misma medida- argumentó que una de las razones para desclasificar los papeles del 23-F es que los jóvenes dejen de cantar el 'Cara al sol' por las calles. Van listos.

Tal vez la ministra debería cambiar de barrio e irse a vivir a uno más tranquilo, al mío por ejemplo, donde nunca hemos tenido una vecina con cuenta corriente de ministra y donde, como mucho, se cantan villancicos, y aun solo en Navidad. O podría afinar más el oído. Lo que cantan hoy en día los jóvenes no son himnos añejos y aburridos, sino reguetón, seguramente la ministra esté confundiendo el 'Me porto bonito', de Bad Bunny, cuando frasea “Mami, sube algo, dame contenido, ese culo súbelo más seguido» con el 'Cara al sol', cuando dice «arriba escuadras a vencer, que en España empieza a amanecer», al fin y al cabo, en uno y otro caso se trata de elevar, y no vamos a pedirle a una ministra española que distinga un culo de una escuadra, bastante tiene con no equivocarse al votar.

Pensar que desclasificando papeles del franquismo los jóvenes se volverán de izquierdas, feministas, animalistas, veganos y ciclistas, denota no haber tenido hijos y, peor todavía, denota no haber sido nunca joven. A los jóvenes les interesa tanto lo que sucedió hace cincuenta años, como me interesaba a mí a su edad: nada en absoluto. Es como si en los años setenta del siglo pasado, el gobierno de turno -es decir, Franco- hubiera desclasificado papeles de los años veinte para que los entonces estudiantes nos diésemos cuenta de lo fea que fue la dictadura de Primo de Rivera comparada con la de Franco y dejásemos de cantar por las calles «tápame, tápame, tápame, que estoy mojada», como Lilian de Celis.

Nos reiríamos, claro. Lo mismo que se ríen hoy los jóvenes de una ministra que cuando escucha cantar «Mami, ¿qué rollito primavera?» entiende «volverá a reír la primavera» y se pone a desclasificar documentos para educarlos como está mandado. Pobrecita.

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