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Opinión | Govern
Álex Sàlmon

Álex Sàlmon

Periodista. Director del suplemento 'Abril' de Prensa Ibérica. Miembro del Comité Editorial de EL PERIÓDICO

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Dalmau, gestión en estado puro

Una sociedad rota por la vivienda tiene poca vuelta atrás. El Govern lo sabe. Lo resume con el fantasma de la extrema derecha, que ya no es un fantasma

Albert Dalmau, conseller de Presidència: "Lo que sería perjudicial para la economía es que se nos rompiera la sociedad"

Reunión del comité editorial de El Periódico en el restaurante El Cangrejo Loco en el balcón gastronómico del Port Olímpic, con presencia del conseller de presidència, Albert Dalmau, junto al director de El Periódico, Albert Sáez, y la directora adjunta, Gemma Martínez, entre otros. Fotografía de Jordi Cotrina

Reunión del comité editorial de El Periódico en el restaurante El Cangrejo Loco en el balcón gastronómico del Port Olímpic, con presencia del conseller de presidència, Albert Dalmau, junto al director de El Periódico, Albert Sáez, y la directora adjunta, Gemma Martínez, entre otros. Fotografía de Jordi Cotrina / JORDI COTRINA / EPC

La Catalunya populosa, que no populista, todavía no ha descubierto en su máxima potencia a Albert Dalmau, conseller de la Presidència y president en funciones durante los días de baja de Salvador Illa. Y no está cerca ese momento. Cuando uno tiene de entrada en la cabeza cómo sería una administración pública fácil y poco burocratizada, al llegar a la posición que facilitaría los cambios, o te explota la cabeza o contratas a un monje budista para que te ayude a encontrar lugares de relajación mental.

Si por Dalmau fuera, la Generalitat eliminaría, de un día al otro, todos esos espacios de oscuridad burocrática donde muchos procesos públicos se ralentizan. Pero eso no es fácil. Se precisa encontrar el camino de regreso a esquemas más simples pero por las vías que la administración entiende. Un lío.

El conseller fue el primer invitado del ciclo de Encuentros Editoriales de Actualidad organizados por el Comité Editorial de EL PERIÓDICO y que serán convocados en los restaurantes del Port Olímpic de Barcelona, en esta ocasión El Cangrejo Loco. No había otro lugar mejor en Barcelona para que se sintiera más satisfecho. Si la política sirve para mostrar la conclusión de proyectos, el actual port olímpic lo es, y él tiene parte de la responsabilidad del éxito.

“Tenemos que hablar con hechos”, repitió en varias ocasiones, como huyendo de forma evidente de la política construida en Catalunya durante el último decenio con promesas y mucho humo. Pocas humaredas hay envolviendo a Dalmau. Es tan práctico y coherente en las proyecciones de futuro que seguirle no es fácil. Lo comenta gente de sus equipos. Antes en el Ayuntamiento, ahora en la Generalitat. Tanto es así que no le sientan bien reuniones de trabajo que duren más de veinte minutos. Las que pueden llegar a 20 minutos. Con los presupuestos y Esquerra, o les da más tiempo, o poco a hacer. Sobre todo, cuando el hámster comienza su recorrido.

Uno de los temas más delicados es el de la vivienda. La burocracia política logra en ocasiones que no se acabe haciendo nada. Eso no va con Dalmau. Y no es fácil, porque hacer cosas significa poder ser criticado. Lo otro, inmovilismo. “Prefiero tomar decisiones y, si me equivoco, rectificar, que quedarme corto en este asunto”. Lo dice de forma clara y añade que el mercado está fallando. Es posible. Pero, ¿el mercado está fallando o las administraciones del pasado han ayudado a que se cometieran errores de peso? De ser así, la solución la deberían tener los dos. En estéreo.

Y, en ese punto, el conseller es muy claro: “El problema es que se nos rompa la sociedad”. La expresión es muy coplera. Como lo de “se nos rompió el amor de tanto usarlo / de tanto loco abrazo sin medida”. Lo cierto es que una sociedad rota por la vivienda tiene poca vuelta atrás. El Govern lo sabe. Lo resume con el fantasma de la extrema derecha, que ya no es un fantasma. Es una realidad palpable que el president todavía no sabe gestionar del todo. Se le nota en sus intervenciones parlamentarias, sea en respuesta a Vox o a Aliança Catalana. Aunque la mezcla serena de Illa y de pragmatismo de Dalmau, de momento funciona.

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