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Opinión | Apuesta arriesgada
Joan Tapia

Joan Tapia

Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.

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Trump contra Irán

El presidente americano cree que la paz solo se logra por la fuerza, pero la guerra contra los ayatolás es complicada y puede tener malas consecuencias económicas

El gas natural se desboca un 40%, el Brent un 7% y el Ibex 35 sufre su mayor caída desde abril del pasado año

Trump promete "vengar" las bajas estadounidenses en la guerra con Irán, que asume que aumentarán

Trump asegura que esta era "la última y mejor oportunidad" para atacar Irán

Trump asegura que esta era "la última y mejor oportunidad" para atacar Irán

El 3 de enero el presidente Maduro fue raptado y llevado prisionero a Nueva York. Y Trump llegó a un acuerdo con Delcy Rodríguez para que siguiera mandando en Venezuela, pero con otra política. Nada de Corina Machado, nada de tropas sobre el terreno, solo gotas de liberalización.

Y el sábado pasado, 28 de febrero, una acción conjunta de Israel y Estados Unidos -tan preparada como el secuestro de Maduro- acabó con la vida de Alí Jamenei, el líder de Irán que con el yugo de la ley islámica ha mandado muchos años. Es una operación más relevante y más peligrosa. Una, porque Irán es una potencia militar que controla el estrecho de Ormuz, por donde pasa mucho petróleo y gas natural. Dos, porque el régimen, aunque detestado por gran parte de la población, tiene apoyos internos islamistas. Tres, porque Irán alimentaba a Hizbulá, Hamás y a otros grupos que querían acabar con Israel.

Y en Irán no se vislumbra una Delcy. Teherán se defiende y ataca incluso bases militares e instalaciones petrolíferas en las monarquías árabes (Arabia Saudí, Emiratos, Catar, Bahrein… incluso Omán) aliadas de Estados Unidos. La caída del régimen de los ayatolás sería un paso decisivo en la paz (con negocios y desarrollo económico) que Trump quiere para Oriente Medio y en la que Netanyahu es un gran aliado, pero no un incondicional. Palestina les puede dividir.

Es una apuesta arriesgada. Se ha hecho al margen de las Naciones Unidas (y sin el Congreso americano). Trump y los “hombres fuertes” creen que la paz solo se logra por la fuerza, no con las instituciones internacionales. Pero la guerra puede durar, complicarse y poner en jaque el dogma Trump: no enviar tropas sobre el terreno y pocos muertos americanos. Los MAGA se podrían rebelar.

Y si se prolonga, tendrá serias repercusiones económicas. Ayer el petróleo subió un 6%, el gas natural (Catar tuvo que paralizar su producción) un 40%, las bolsas cayeron y el oro (valor refugio) subió. Si la guerra dura -Trump dice que el castigo solo ha empezado y habla de cinco semanas- la inflación puede dispararse. En tal caso, la economía mundial lo pasaría mal y hasta el propio Trump podría salir dañado en las elecciones de noviembre.

China es aliada de Irán y le compra mucho petróleo. Aunque no se llegue a una catástrofe mundial, el riesgo de que la operación acabe bastante mal es alto. Y Europa… no sabe, no contesta. Por razones lógicas -entre otras, que Trump no ceda más a Putin en Ucrania- los “tres grandes” (Alemania, Francia y Gran Bretaña) no quieren contrariar mucho al presidente americano. Bruselas parece paralizada. Y España pide “desescalar y negociar”, lo que está bien, pero hoy parece poco probable. Y negar el uso de las bases americanas (hay roces por eso entre Trump y Starmer) es arriesgado. Porque Trump es Trump y porque, aunque sintonice con los deseos de paz de la mayoría de la población, nos aleja de Bruselas. Y aún más de Berlín, París y Londres.

No es momento de cruzadas de ningún tipo, sino de tentarse muy bien la ropa.

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