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Opinión | 'THE OTHER CLUB'
Albert Sáez

Albert Sáez

Director de EL PERIÓDICO

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El nuevo orden es solo un desorden descomunal

Escena de política caótica global.

Escena de política caótica global. / CHATGPT

Maldita polarización. Te levantas un sábado por la mañana y tienes que elegir entre Jameneí y Trump. Solo dos meses después de haber tenido que elegir entre Maduro y Trump. Solo un dos años y medio después de haber tenido que elegir entre Netanyahu y Hamás. A punto de tener que elegir entre los herederos de Fidel Castro y Trump. Es un error pensar que el actual presidente tiene un método, un sistema, unas reglas. Su regla es no tener reglas para poder hacer en cada caso lo que le resulte más rentable. Diluido cada día más en el frente interno, con unos datos económicos cada vez peores, con las encuestas de las elecciones de medio mandato castigando a su proyecto, Trump hace negocios, fundamentalmente en torno al petróleo y a la tecnología. Para entenderlo de verdad necesitaríamos monitorizar los movimientos de sus cuentas horas antes, minutos antes, segundos antes de cada bombardeo. Operaciones a corto, especulativas. Subastas a la baja. Ese es el estilo de Trump y los que le siguen por motivos ideológicos empiezan a no entender nada. Y los que le siguen porque piensan que les resolverá sus problemas, cada día tienen más claro que se soluciona solo los suyos. Trump no es un resurgir de los Estados Unidos, es el certificado de su decadencia. Está haciendo ver que libra una batalla que ya ha perdido. La plutocracia de Washington ha vivido en la última década como las damas victorianas, haciendo ver que el imperio seguía intacto. Trump ha querido hacer ver que lo resucitaba, pero no ha hecho más que evidenciar su ocaso.

Buscando a una nueva Delcy en Irán

Los que todavía creen que Trump tiene un método se han pasado las primeras horas de este sábado buscando la noticia de la muerte o captura de Ali Jameneí, el Maduro de Irán, y tratando de identificar un potencial traidor dentro del régimen de los ayatolás. El mismo Trump llamó a los iranís a tomar el control de su gobierno. La dinámica sería casi grotesca si no fuera porque se están produciendo bombardeos en una de las regiones más militarizadas del planeta y un misil fuera de lugar podría desencadenar una escalada que no quieren ni siquiera los directamente implicados en la contienda. Pudiera ser que, nuevamente, a Trump solo le interese el petróleo de Irán y entregue el país al mejor postor que se lo pueda garantizar. El supuesto nuevo orden internacional no es más que un gran desorden para que los amigos de Epstein y asimilados hagan negocios rápido y sin ni siquiera tener la necesidad de arriesgar su capital. Los Estados Unidos les pagan la fiesta.

Es necesario dar contenido a la alternativa

Cuando los hombres fuertes se activan en modo operación militar el lenguaje tradicional de la diplomacia con reglas suena a demasiado hueco. Es necesario dotarlo de contenido. La voz de Europa, por ejemplo en Ucrania, ha empezado a hacerse oír cuando han anunciado ayuda económica y militar a Zelenski. A la oposición iraní le sirve de muy poco que Pedro Sánchez rechace el bombardeo. No basta con estar contra Trump, hay que estar a favor de alguna cosa. Como dijo en Davos el primer ministro de Canadá, hay que sustituir la hipocresía del viejo orden por una defensa de ciertos valores frente a la arbitrariedad de los hombres fuertes. Lo que no funcionan hoy son los discursos vacíos, la mera retahíla de buenas palabras o de condenas que dejan las cosas igual porque entonces el desorden se aparece como alternativa cuando no lo es. Que a estas alturas de la película, estemos mirando, por ejemplo, a Europa con el viejo relato del eje francoalemán es no entender nada de lo que está ocurriendo. Europa es, posiblemente, uno de los mercados del mundo con más capacidad de gasto, de consumo, de compra, entre otras cosas por el Estado del bienestar que sustenta. En la UE se acumula el 50% del gasto social del planeta. Eso supone una carga fiscal que requiere pero a la vez oculta la competitividad de las empresas del continente. Pero si la UE deja de subrogar su defensa, si tienen mecanismos financieros para ayudar a terceros y si mantiene esa capacidad de consumo que le permite abrirse a mercados emergentes como India o Mercosur, acabará siendo una alternativa plausible a la de los hombres fuertes. Y si lo hace, a medio plazo, no será para sustituir a los Estados Unidos como dice el trumpismo sino para liberarlos de esta ola populista que los está dejando sin amigos en todo el mundo y que les obliga a gesticulaciones permanentes como la de este sábado, como la de Venezuela, como la de la Junta de Paz de Gaza. Europa no debe enfrentarse a Trump sino ser su alternativa con autonomía defensiva y financiera.

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