
Director de Información Económica de Prensa Ibérica.
Mercadona, un éxito de la izquierda
Tal como ha ocurrido en Francia, Italia, en Alemania y el Reino Unido, muchos ciudadanos han pasado a votar y dicen que votarán a la derecha extrema

Una cajera atiende a unos clientes en un Mercadona de Barcelona. / Ferran Nadeu / EPC
Un sector izquierdista del ámbito político está más alterado de lo habitual porque ve, con asombro, que parte de su votante tradicional lo está abandonando. Tal como ocurrió previamente en Francia, Italia y está ocurriendo en Alemania y el Reino Unido, los extremos se tocan. Y de votar a la izquierda extrema hay quien ha pasado a votar y dice que votará a la derecha extrema. Ya estaban avisados. También en Catalunya. En Badia del Vallès (Barcelona), por poner un ejemplo de los municipios con menor renta de Catalunya, el segundo partido más votado en las últimas elecciones al Parlament, muy por detrás del PSC, fue Vox. Recuerdo también que el distrito de Barcelona en el que Vox obtuvo más porcentaje de votos fue el de mayor renta: Sarrià-Sant Gervasi (8,3%), por detrás del PP, Junts y el PSC.
Extremadura y Aragón ya completadas; Castilla y León abre su campaña; Andalucía, en breve... hemos entrado en plena vorágine electoral a la espera de la caza mayor: las próximas elecciones generales. Vox crece y las izquierdas caen. Este es el rumbo. Y el PP, a ver cómo negocia. En Catalunya, si nos fiamos de las encuestas, es Aliança quien acelera. Sobre todo en el eje transversal prepirenaico que va de Lleida a Girona y que recorre (desde Cervera, pasando por Manresa y Vic) la C-25. Conozco votantes de la CUP que votarán fervorosamente por el partido de Sílvia Orriols. ¿Extraño? Quizás sí o quizás no.
En el pasado, la izquierda democrática defendía la igualdad de oportunidades, la ley del esfuerzo, la meritocracia, el derecho que tiene una persona a poder llegar lo más lejos que pueda gracias a su trabajo. Esa izquierda se oponía al 'statu quo', al conservadurismo que pretendía que aquellos que mandaban siguieran mandando para mantener su poder y sus rentas. Que grandes empresarios españoles -desde Amancio Ortega, Inditex, a Juan Roig, Mercadona- hayan empezado de casi cero para llegar donde han llegado es un mérito de la izquierda. Por eso sorprende que desde ciertas personalidades políticas se les ataque porque sus empresas ganan dinero y crean empleo. Peor, esta izquierda comunera pacta y gobierna con lo poco que queda de la izquierda racional y socialdemócrata en Barcelona y Madrid.
Los ciudadanos de cualquier clase e identidad quieren trabajar, ahorrar, invertir, comprarse una casa, irse de vacaciones, lograr dar una buena educación a sus hijos para que progresen, recibir una buena atención sanitaria, poder pasear con tranquilidad sin miedo a que los atraquen... quieren tener una vida normal y ordenada. Predecible. Quieren y entienden que deben pagar impuestos, pero sin abusos. No entienden que desde la nueva izquierda se defienda a los okupas o a los delincuentes reincidentes. Ni tampoco entienden esta obsesión enfermiza por defender y privilegiar estilos de vida, culturas o religiones distintas. De tolerar a extender la alfombra roja hay una frontera. Las izquierdas deberían pasearse por las plazas, calles y polideportivos de nuestras poblaciones. Ver y escuchar. Aún pueden hacerlo.
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