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Opinión | Violencia de género
Ana Bernal-Triviño

Ana Bernal-Triviño

Profesora de la UOC y periodista.

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700 días de secuestro machista

Hace falta revisar protocolos, escuchar las denuncias de desapariciones, atender a los antecedentes de violencia, formar a los sanitarios y, sobre todo, asumir que el aislamiento es una estrategia clásica del agresor

Vivienda de San José de la Vega de la que Salma consiguió escapar tras dos años encerrada.

Vivienda de San José de la Vega de la que Salma consiguió escapar tras dos años encerrada. / Israel Sánchez

700 días de secuestro. Es lo que ha vivido Salma por parte del que ella consideraba una buena pareja y un buen padre, cuando lo conoció. Y solo se ha salvado porque a él se le olvidó atarla a una camilla, como cada noche, y ella pudo escapar.

Lo grave es por qué nunca se hizo nada: él tenía antecedentes de violencia de género, la familia denunció la desaparición, que nadie investigó y que dieron por voluntaria, y ni siquiera se percataron de su situación una vez que ella recibió asistencia médica.

No hubiese sido difícil hacer algo. Lo lógico sería que con antecedentes por violencia de género se abriera una hipótesis de un nuevo caso de violencia machista. Lo lógico sería que, sabiendo que ella es trasladada a otra ciudad, donde no tiene ningún familiar, un maltratador pretenda aislarla. Y lo lógico sería que tras comprobar que él es un español de 58 años y ella una mujer marroquí de 38, podría ser un caso de alta vulnerabilidad.

Pero aún con todo, ni lo investigaron ni levantó sospecha. Ni siquiera que ella fuese acompañada por una mujer a un hospital, tras perder la visión en un ojo por una paliza y con los dientes arrancados. Como nadie hizo nada, es ella la que está ahora ciega de un ojo. Es ella la que tendrá que superar el trauma de la tortura de ser violada, golpeada y atada cada noche. Es ella la que vio cómo descuartizaba un gato para advertirle de que acabaría así si se escapaba y cómo pensaba enterrarla. En todo esto hay otro añadido cruel: la hermana y la hija de este tipo visitaban la casa, la veían con moratones y tampoco hacían nada. Además, también hay vecinos detenidos por encubrir.

En nuestra memoria colectiva vinculamos los secuestros a mafias o a nuestra historia pasada con el terrorismo. Pero el estupor cuando las secuestradas son mujeres es diferente. Este caso ha levantado más atención porque han sido casi 700 días de secuestro; pero como el machismo está normalizado, esto ocurre varias veces cada año sin apenas alarma social. Recuerdo algunos titulares: 'Condenado a 37 años de cárcel un hombre por raptar, violar y secuestrar en una buhardilla a su mujer de 19 años en Salamanca'; 'Muere la mujer secuestrada doce días por su pareja en Valencia y los indicios apuntan a un suicidio'; '13 días secuestrada en un coche por su expareja con sus hijos de 1 y 3 años'; 'Liberan a una mujer secuestrada y maltratada por su pareja durante cuatro meses'; 'Liberada una mujer tras ser secuestrada y violada por su pareja en Madrid…'. Hay más, pero no queda artículo para tanto.

Salma está viva porque pudo escapar. ¿Qué pasaría si no lo hubiese podido hacer? Quizás, ya estaría muerta. Entre otras cosas por el machismo social que normaliza, que no pregunta y que guarda silencio

¿Por qué lo hacen? Pues en el caso de Salma, ella lo explica claro: “Me dijo que era suya, que le pertenecía, que era una esclava”. Y aunque no merece el nombre de pareja quien te secuestra, es importante eso no solo para reconocer el delito, sino para hacer historia y saber que la raíz de todo esto es milenaria. Que la mitología romana ya hablaba del rapto de las sabinas, que se secuestraban mujeres en países conquistados porque éramos una propiedad, obligadas a casarnos. También hubo otras formas. Estuvo retenida Juana de Castilla. Las que acababan en psiquiátricos bajo excusa de locura, cuando era un castigo por verlas como “malas mujeres”. Hoy algunas sociedades mantienen el rapto de la novia como una tradición cultural machista. El secuestro es poder y control, la base de los maltratadores.

Hace falta revisar protocolos, escuchar a las familias cuando denuncian una desaparición, dejar de presumir voluntariedad cuando hay antecedentes de violencia, formar a quienes atienden en hospitales para detectar señales inequívocas de maltrato y, sobre todo, asumir que el aislamiento es una estrategia clásica del agresor. Porque cada omisión, cada sospecha que no se comprueba, construye el espacio perfecto para que puedan agredir durante 700 días.

El de Salma no será el último secuestro. Salma está viva porque pudo escapar. ¿Qué pasaría si no lo hubiese podido hacer, como ocurrió durante 700 días? Quizás, ya estaría muerta. Entre otras cosas por ese machismo social que normaliza, que no pregunta y que guarda silencio aunque lo vea delante. El mismo machismo asqueroso que, en otras circunstancias, diría que lo que contasen Salma y todas esas mujeres sería una denuncia falsa.

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