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Opinión | Décima avenida
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23F: memoria y ficción colectiva

La desclasificación de los papeles del intento de golpe de Estado refuerza la legitimidad democrática, pero no consolidará la memoria histórica colectiva en la fragmentada España de hoy 

Tanques militares por las calles de València, durante el intento de golpe de Estado del 23F.

Tanques militares por las calles de València, durante el intento de golpe de Estado del 23F. / LEV_Externas

En 'Anatomía de un instante', Javier Cercas da un baño de realidad sobre la fiabilidad de la memoria. Cercas parte de la famosa secuencia de Antonio Tejero el 23 de febrero de 1981 (su entrada al Congreso, los disparos al techo) y señala que casi todo el mundo asegura haberla visto “en directo” por televisión. En realidad, explica Cercas, es un falso recuerdo común, una ficción colectiva: aquella tarde no hubo retransmisión televisiva en directo del asalto; las cámaras de TVE grabaron la sesión, pero las imágenes no fueron emitidas hasta el día siguiente, una vez liberado el , de modo que la ciudadanía las vio en diferido. 

El “¡Quieto todo el mundo!” y los disparos yo los escuché (o creo que los escuché, tengo la lección de Cercas aprendida) por la radio, sin saber ni comprender lo que sucedía. Mi madre tenía la radio encendida de fondo en el comedor y por ella sonaba la sesión de investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo. No recuerdo nada más, salvo retazos de conversaciones a lo largo de los años en una familia obrera: que si los militares en España eran golpistas, que si la dictadura, que si los franquistas, que si el discurso del Rey, que si la compostura de Adolfo Suárez, que si el arrojo de Santiago Carrillo, que si la 'iaia' —que recordaba a otros militares y otros disparos— el día 24 llenó los estantes de la cocina de paquetes de legumbres y leche condensada, por si acaso. Y, por supuesto, la omnipresencia de las imágenes cada 23 de febrero. 

Creciendo en los 80 y los 90, el 23F funcionaba como una suerte de cuento de iniciación democrática: la conspiración, la fragilidad de la democracia, las libertades que los españoles se habían otorgado a sí mismos, el rey que había defendido las instituciones, la Transición como el gran relato colectivo. La historia de España se contaba como el camino del héroe del canon literario, un viaje colectivo en el que la sociedad española (el héroe de la historia) pasó de la dictadura a la democracia: el tardofranquismo como punto de partida; la muerte de Franco, que dio inicio al viaje; la irrupción de guías y mentores del héroe colectivo (Adolfo Suárez, Manuel Gutiérrez Mellado, Juan Carlos I); las pruebas, aliados y enemigos que afrontó la joven y frágil democracia (la legalización del PCE, los Pactos de la Moncloa, los crímenes de Atocha, el terrorismo de ETAConstitución…); la gran prueba (el 23F); la victoria del héroe (la legitimidad del sistema democrático) y el camino de regreso que cierra el viaje de la Transición: la victoria socialista de 1982 como símbolo de la normalidad democrática. 

En los 80 y los 90, la historia de España se contaba como el camino del héroe del canon literario, un viaje colectivo en el que la sociedad española -el héroe de la historia- pasó de la dictadura a la democracia

Tuvieron que llegar otras generaciones para que el relato del héroe colectivo y su gran historia, la Transición, primero se matizara, después se discutiera y finalmente se confrontara. En la España de hoy conviven varias capas de relación con el 23F. Está el relato de manual escolar, reducido a dos páginas y tres fotos; está la memoria emocional de quienes vivieron el miedo en tiempo real; está la curiosidad de quienes han hecho del golpe un objeto de estudio, de novela o de serie, y está también la indiferencia práctica de quienes sienten que el 23 de febrero de 2026, con el alquiler por las nubes, ocupa y preocupa más que el 23 de febrero de 1981. 

Es en este contexto, con los mentores del héroe colectivo muertos física o políticamente (de Adolfo Suárez a Juan Carlos I), cuando Pedro Sánchez ha decidido desclasificar los documentos oficiales sobre el 23F. La desclasificación es una buena noticia: refuerza la legitimidad democrática, debería aumentar la confianza en las instituciones y tendría que contribuir también a combatir rumores y teorías conspirativas. 

Debería servir para algo más: consolidar la memoria histórica colectiva, pero eso, en la España de hoy, parece imposible. La Transición no fue el relato perfecto de un héroe que el 23F afrontó su prueba final, sino el intento, en un momento concreto, de hacer lo mejor que se pudo dadas las circunstancias. Tuvo muchos aciertos y algunos errores; logró grandes hitos y fracasó o no intentó otros. En lo que el héroe colectivo, la sociedad española, no tuvo éxito fue justamente en la construcción de una memoria histórica compartida. La desclasificación no logrará avanzar en este terreno en el fragmentado clima político español, pero al menos, como dijo el propio Cercas, ahora hay un sitio menos al que agarrarse para contar mentiras. Cada puerta abierta es una habitación cerrada menos. 

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