
Periodista. Director del suplemento 'Abril' de Prensa Ibérica. Miembro del Comité Editorial de EL PERIÓDICO
El humor del 'Polònia' que explica un país
No resultó el intento de copiar el programa en alguna televisión de ámbito nacional: la fórmula funciona solo en Catalunya

Gala de los 20 años del 'Polònia' en el Teatre Victòria. / Marc Asensio Clupes / EPC
El programa 'Polònia' celebró su vigésimo aniversario. Fue, como en otras ocasiones, una fusión entre humoristas y políticos, porque el eje narrativo de sus gags han sido siempre profesionales de la política. Los del 'Polònia' me invitaron a su quinto y décimo aniversarios. Era la época del nuevo Estatut y del ‘procés’. En el primero no hubo tan mal rollo escondido como hace diez años en medio del ‘procés’, pero los dos fueron algo tensos. El responsable del proyecto desde el inicio, Toni Soler, nunca ha negado su amistad con la independencia y, de hecho, fue el comisario del tricentenario del Onze de Setembre.
No todo el mundo entendía el programa en 2010. Aquellas secuencias humorísticas eran ¿una burla, una tomadura de pelo, un descaro, un insulto? Poco a poco se fue entendiendo que aquello no tenía nada que ver. Se trataba de humor político/satírico y eso no siempre es aceptado, sobre todo cuando eres protagonista.
También existía otra tesis. Esta defendía la humanización de unos personajes públicos que siempre salían serios y enfadados por televisión. Existen casos célebres, sobre todo en relación a la derecha. Mariano Rajoy, Ángel Acebes, Eduardo Zaplana y hasta Esperanza Aguirre mostraron su ternura a través de un humor inocente, bondadoso, aunque muy bobo. Con Ayuso, los del 'Polònia' han sido más duros. En la gala del 20 aniversario le hicieron cantar el 'Zorra' que fue a Eurovisión del grupo Nebulossa cuya letra decía “soy del PP la oveja negra/ aunque ‘pa’ oveja ya está Almeida”, bajo el título de 'Facha'.
Tras el éxito del 'Polònia' entre los políticos en Madrid (es una de sus medallas y lo demostró el cameo de Pedro Sánchez para la gala del veinte aniversario) se habló de copiarlo en alguna televisión de ámbito nacional. Pero no resultó. El humor político cañero funciona solo en Catalunya. Solo así se entiende cómo en la gala de 2016, un año antes de la sesión parlamentaria de la supuesta desconexión los días 6 y 7 de septiembre, se reunieron Carles Puigdemont junto a Inés Arrimadas, Anna Gabriel y hasta Carme Forcadell, y todos con una amplia sonrisa.
Algo tiene este lugar del mundo que asume el humor sin tapujos, ni problemas. Es emocionante. Como lo fue la presencia en el escenario de un Artur Mas de DJ y gafas oscuras para pinchar su 'Mas Style' junto al actor Bruno Oro para convertirlo en el 'Polònia Style'. ¡Eeeey, sexi presi!
Debo reconocer que me hubiera gustado verlo en directo. No fui invitado. Y es que ahora el ambiente está más relajado. Es lo que percibí viendo la gala por TV3. Otras ediciones, aunque ese aguante humorístico lo resistiera todo, no existieron conversaciones cómplices. Sí fotografías complacientes y repletas de sonrisas, pero no corrillos chismosos.
De todas formas, el programa 'Polònia' nos explica. Un país que se ríe de sí mismo es un territorio mucho más sano de lo que parece, aunque después tenga dificultades para conseguir pactar unos presupuestos necesarios. Pero eso va en el oficio. Hasta Franco, la bicha más bicha de nuestra historia más cercana, puede deambular entre sus guiones, aunque el de verdad haya que recordarlo como un dictador.
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