Opinión | Guerra en Ucrania

Periodista
El precio de la paz
Si la paz significa legitimar la conquista, no será una paz duradera, solo la antesala del próximo conflicto

Un soldado ucraniano, en la zona de Donetsk. / EFE
Cuatro años después, la guerra sigue devastando Ucrania. Aunque no hay provincia que no haya recibido sus bombas, el ejército ruso solo controla una quinta parte del país. Aquella promesa de Putin de tomar Kiev en 72 horas quedó en propaganda. Tan ilusoria como la de Donald Trump de terminar la guerra en 24 horas. La realidad es obstinada. Ni victoria relámpago ni paz exprés. Sin avances reales hacia la paz la invasión no se cuenta en horas, días o meses, sino en años y cuando se cumplen cuatro, la guerra continúa.
Ucrania resiste. Es difícil aceptar que la invasión, el chantaje y la violencia sistemática se conviertan en moneda legítima de negociación. Terminar la guerra humillado no es paz; es una rendición disfrazada. Con casi un millón de muertos entre ambos bandos, ciudades arrasadas y millones de desplazados, el coste humano es inaceptable. La población civil sin embargo solo muere en Ucrania, donde el invierno trae frío, oscuridad y miedo. Es natural desear la paz. Pero conviene preguntarse¿A qué precio? Zelenski sabe que cualquier salida implicará concesiones, quizá temporales y dolorosas. Putin en cambio, no oculta su ambición, quiere territorios que ni siquiera controla. Sometiendo al país pretende dictar el futuro estratégico de Occidente. Es lo que explica por qué la guerra se prolonga.
Pero ¡Ojo! La resistencia del pueblo ucraniano es histórica. Sometida bajo la Unión Soviética, devastada por la invasión nazi y castigada por las deportaciones estalinistas, su historia es la de una frontera disputada, una encrucijada entre imperios. Eso sigue siendo lo que está en juego. Lo que Putin persigue —y Trump parace dispuesto a tolerar— no es solo territorio ucraniano, es redefinir los límites de Europa. Es establecer que las fronteras pueden cambiarse por la fuerza si el agresor tiene determinación. Ese es el verdadero precio de esta guerra. Pero si la paz significa legitimar la conquista, no será una paz duradera, solo la antesala del próximo conflicto. Por eso la guerra continúa.
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