
Profesora de Ciencia Política de la Universitat de València. Miembro del Comité Editorial de EL PERIÓDICO
No son los extraterrestres, es la desconfianza
El pensamiento conspirativo no se afianza por la acumulación de pruebas, sino por la combinación de ambigüedad, desconfianza, percepción de opacidad e incertidumbre

Expresidente Barack Obama dice que los extraterrestres "son reales" pero no los ha visto
Barack Obama afirmó esta semana que "los aliens son reales, pero no los he visto" y precisó que no están en el Área 51. Lo hizo en una conversación informal, aludiendo a la probabilidad de vida en el universo y a fenómenos aéreos aún sin explicación definitiva. No avaló ninguna teoría conspirativa ni ningún tipo de encubrimiento. Sin embargo, la reacción a sus palabras muestra hasta qué punto cualquier referencia a lo desconocido se interpreta hoy desde la sospecha. Donald Trump respondió censurando sus declaraciones y anunciando nuevas desclasificaciones de documentos sobre fenómenos aéreos no identificados. Una secuencia del todo reveladora: a una afirmación ambigua le sigue una promesa de apertura. Algo que formalmente refuerza la transparencia, pero que, en un contexto de poca confianza, el reconocimiento de que existen documentos reservados puede alentar la idea de que la opacidad es la norma.
Ese es, precisamente, el clima que refleja la Encuesta sobre posverdad y teorías conspirativas 2025 del Centre d’Estudis d’Opinió. Ante la afirmación de que "los gobiernos ocultan pruebas de contacto con extraterrestres", la mayoría no la respalda, pero una proporción significativa tampoco la descarta con claridad. No hay una adhesión explícita, pero sí dudas. Dudas que se extienden a otros ámbitos, como la percepción de ocultación por parte de gobiernos y élites, las sospechas de manipulación informativa y los niveles moderados o bajos de confianza institucional. El estudio no describe una ciudadanía dominada por creencias extravagantes, sino un marco cognitivo en el que la hipótesis del encubrimiento resulta plausible. Lo extraterrestre es anecdótico pero parece que la desconfianza es estructural.
En ese mismo contexto debe leerse la carta de Helen McCaw, exanalista de seguridad financiera del Bank of England -citada por The Independent-, dirigida recientemente al gobernador Andrew Bailey para sugerirle que se evaluaran planes de contingencia ante una eventual confirmación oficial de vida inteligente no humana -léase extraterrestre- por parte de Estados Unidos. No se consideraba probable ese escenario ni se anunciaban medidas en marcha. La advertencia era meramente técnica ante la hipótesis de que un anuncio así podría generar un shock de expectativas y provocar volatilidad, no por el fenómeno en sí, sino por la reacción de los mercados ante una posible alteración en la percepción de estabilidad.
El pensamiento conspirativo no se afianza por la acumulación de pruebas, sino por la combinación de ambigüedad, desconfianza, percepción de opacidad e incertidumbre. Y el problema no es tanto que las sospechas sean ciertas -que también-, sino que condicionen conductas y produzcan efectos reales: en la economía, alterando expectativas y aumentando la volatilidad; y en política, erosionando todavía más la legitimidad institucional y reforzando opciones que capitalizan y alimentan la desconfianza.
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