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Opinión | Educación
Carles Francino

Carles Francino

Periodista

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Tanto monta, monta tanto

No sé si somos conscientes del fracaso que traslada esta corriente de frustración entre quienes preparan a los ciudadanos del futuro

Los sindicatos de profesores convocan una semana de huelgas en marzo y Educació se abre a mejorar la oferta salarial

Sillas en el aula de un instituto.

Sillas en el aula de un instituto. / MERITXELL COMAS

“No prestan atención, no se esfuerzan, llegan a la hora que les rota, ya no escriben nunca, no leen, la puta tablet, el móvil...Es verdad que siempre hay un grupito que funciona mejor, pero estoy harta”. Esta reflexión podría ser de algún maestro –o maestra- de Secundaria, porque es verdad que el ecosistema educativo de la adolescencia ha mutado a un modelo donde la autoridad –y la credibilidad- del enseñante ha caído en picado; por cierto, con una aportación al descrédito nada desdeñable por parte de bastantes familias. Pero no, esta confesión me la hizo el otro día una profesora de universidad, con más de veinte años de experiencia, a quien han encargado nuevas tareas que le supondrán su alejamiento de las aulas. Yo la felicité por el nombramiento, aunque teñí la enhorabuena con un amago de lamento por perder el contacto directo con los alumnos; pero ella misma se encargó de sacarme del error: “¡Estoy encantada! Hace tiempo que ya no lo aguantaba".

No sé si somos conscientes del fracaso que traslada esta corriente de frustración entre quienes preparan a los ciudadanos del futuro; y digo corriente porque este no es, ni mucho menos, un caso aislado. La reciente protesta de enseñantes en Catalunya, hasta el gorro de carga de trabajo y falta de recursos, lo confirma. Y a mí me parece tan atroz como peligroso. Solo me consuela conocer historias que navegan en dirección contraria, casi siempre a caballo de la ilusión. Por ejemplo, la de Guillermo Duque, @Guilleproff en redes sociales, que ha elevado a fenómeno viral su idea de enseñar matemáticas, lengua o historia guitarra en mano y componiendo canciones con sus alumnos. La lista de éxitos incluye un “Antonio, antónimos”, pasando por “Pares, impares” o “Mayúsculas”... hasta llegar a mi preferido: un reguetón sobre los Reyes Católicos, con el “tanto monta, monta tanto” en funciones de estribillo. Guillermo tiene treinta años, sus alumnos entre siete y ocho. Y me gustaría creer que sus pasiones por enseñar y aprender se mantendrán con el tiempo. Pero no sé si el hechizo de una guitarra será suficiente.

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