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Opinión | CORTO Y AL PIE
Gemma Martínez

Gemma Martínez

Directora adjunta de EL PERIÓDICO DE CATALUNYA

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Mercadona y el mito del monopolio en España

Interior de un establecimiento de Mercadona en Barcelona, en una imagen de archivo.

Interior de un establecimiento de Mercadona en Barcelona, en una imagen de archivo. / Archivo EPC

En España, crecer más que los demás se ha convertido en sospechoso. Y si, además, ganas dinero, el veredicto político llega rápido: monopolio. Eso es lo que ha hecho la secretaria general de Podemos, Ione Belarra, al señalar a Mercadona y a su presidente, Juan Roig, utilizando un término que no se ajusta a la situación de la distribución alimentaria en España. Puede que la etiqueta sea eficaz en el combate político, pero empobrece la conversación pública y devalúa el lenguaje.

Si Mercadona, primera cadena del sector, es un monopolio, alguien debería avisar a sus rivales Lidl, Aldi, Carrefour y Alcampo, que llevan años compitiendo con agresivas políticas de precios y expansión. Llamar monopolio a lo que es liderazgo es como llamar autoritarismo a cualquier mayoría parlamentaria: una distorsión de la realidad ridícula y peligrosa al mismo tiempo.

Un monopolio no es la empresa que más vende, sino la que puede actuar sin competencia efectiva. Ello le permite fijar precios de forma sostenida sin temor a que el consumidor se marche a otro proveedor. El derecho de la competencia distingue, además, entre monopolio y posición dominante, y esta última tampoco se deduce automáticamente del simple hecho de liderar un sector.

Y aún hay más. Resulta llamativo que Belarra también hable de Roig como el rey de la precariedad al referirse a una empresa que acaba de ampliar las vacaciones de sus trabajadores- 37 días al año- y de concederles una paga extra más. Se puede cuestionar su modelo; se puede discutir su poder de negociación o su influencia en la cadena alimentaria. Lo que no se puede es ignorar los hechos cuando no encajan en el relato.

El populismo económico funciona así. Todo éxito se convierte en sospecha, todo liderazgo se transforma en abuso y toda rentabilidad es sinónimo de injusticia. El mensaje implícito es inquietante: crecer en España es arriesgado, destacar es peligroso y ganar cuota es inmoral. Eso sí que es un problema. No para Mercadona, para todo el país

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