
Escritor y periodista.
Panorama para 2036
Al predecir hay que ser prudente, empírico y atento a la realidad y no a las ideologías

Inteligencia artificial bajo vigilancia democrática: entre los datos que lo impregnan todo y las instituciones europeas que intentan ponerle límites para proteger derechos y responsabilidades. / IA/T21
La idea de que la caída del muro de Berlín representaba el fin de la Historia ya es cosa de museo de historia natural, entre la sección de fósiles y la de especies desaparecidas. Las grandes profecías del siglo XX han cojeado mucho. China y Rusia siguen siendo autocracias, aunque en otros momentos se supuso que con el fin de la Historia el sistema demo-iberal se contagiaría universalmente. Algo parecido ocurrió con las predicciones sobre la crisis climática que hizo Al Gore –vicepresidente de Clinton- dando por hecho que, por ejemplo, para estas fechas ya no habría nieve en el Kilimanjaro. En aquel momento, Gore tuvo el premio Nobel de la Paz.
Eso hace pensar que también al predecir hay que ser prudente, empírico y atento a la realidad y no a las ideologías. Suele hacerlo el Atlantic Council en sus suposiciones de futuro. Su reciente informe sobre el año 2036 concuerda bastante con lo que está despuntando en 2026, según el criterio de casi quinientos expertos de todo el mundo.
El 63% de los expertos consultados por el Atlantic Council consideran que 2036 será peor que ahora. Solo un 37% piensa lo contrario. En su mayoría, suponen que China habrá eclipsado a los Estados Unidos como economía, aunque no como poder militar. Rusia perderá mucha potencia y la guerra de Ucrania se habrá convertido en un conflicto congelado. Tal vez el nuevo conflicto sea Taiwán, con posibilidades de repercusión aciaga. Si la OTAN persiste, será con cambios radicales. Una predicción crucial: en 2036, una depresión de la democracia coincidirá con el declive del actual sistema multilateral. En otra dimensión, el avance de la IA será más que inquietante.
Si el siglo XX fue de religiones políticas; lo que va de siglo XXI ha sido de supersticiones políticas. Incluso la nueva derecha –de cada vez más 'freakie'- coquetea con la tecnoutopía y el transhumanismo. Es decir, con cambios radicales y los ensueños del hombre nuevo que causaron tanto daño en el siglo pasado. Nuevos caudillos de genética absolutista andan por ahí, queriendo decirnos como tenemos que ser.
Nadando en dirección contraria a Al Gore, los expertos encuestados por el Atlantic Council aventuran por primera vez que el cambio climático no es un factor que amenace la prosperidad global en el horizonte 2036.
Lo que no sabemos es en qué medida esos cambios y tendencias que van emergiendo pueden hacer que la política sea más ilusoria o más sensata. Por ahora, la prudencia no pertenece al Ibex de la política inmediata. En los Estados Unidos, Elon Musk amenaza con organizar un tercer partido para acabar con quien fuera su gran amigo Donald Trump. Nada está escrito, pero más bien parece que lo que llamábamos instinto moderador está del todo desactivado. Dadme un tuit ocurrente y cambiaré el mundo. Recurramos a la IA para generar líderes que pasen a la primera final en una fracción de segundo, inventados por un 'influencer' trasnacional domiciliado fiscalmente en Andorra.
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