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Opinión | Gato adoptivo

Ferran Boiza

Ferran Boiza

Director adjunto de EL PERIÓDICO

El hilo invisible que va del DAO a Andrés

El ministro Grande-Marlaska y el ex DAO, José Ángel González.

El ministro Grande-Marlaska y el ex DAO, José Ángel González. / Ricardo Rubio / Europa Press

Un hilo invisible conecta la denuncia, en Madrid, contra el número dos de la Policía por abuso sexual a una subordinada con la detención, en Londres, del ex príncipe Andrés, hermano del rey Carlos III, por sus vínculos con el pederasta Jeffrey Epstein. Es el hilo de la impunidad, de la que durante años se han beneficiado decenas de hombres, poderosos y no tanto, hicieran lo que hicieran, como si todo lo que desearan tuviera que estar a su alcance, sin límite alguno y sin consecuencias.

Los detalles que van trascendiendo de la presunta agresión sexual atribuida al Director Adjunto Operativo (DAO) de la Policía, José Ángel González, son un ejemplo terrible del ambiente de impunidad que se había generado en el cuerpo por una mezcla de respeto a la jerarquía, complicidad y miedo a meterse en líos, que hacía que algunos altos mandos se creyeran intocables. El termómetro de lo que ocurría en la Dirección General de la Policía lo da un detalle brutal: la agente no confió en sus compañeros ni en los cauces internos y fue directamente al juzgado. Cuando la víctima siente que la institución que debe protegerla no solo no lo hace, sino que la expone, el problema ya no es únicamente un presunto delito; es todo un sistema que desalienta las denuncias. Que en chats policiales, integrados por compañeros de la agente, hayan circulado sus datos personales refleja hasta qué punto está carcomida la organización y cómo la impunidad se vuelve pedagógica, porque enseña a otras mujeres que el precio de levantar la voz puede ser quedarse a la intemperie.

El ministro Grande-Marlaska no es responsable de la agresión presuntamente cometida por el hombre que eligió para ser DAO y, por la información de que disponemos hasta ahora, actuó con rapidez tras conocer los gravísimos hechos. Pero, después de casi ocho años al frente de Interior, sí debe rendir cuentas sobre por qué una agente no considera a la Policía un lugar seguro en el que refugiarse tras una agresión. Muchas mujeres y muchos hombres se lo preguntan hoy, y el ministro no puede eludir la respuesta.

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