
Periodista y psicóloga.
El 'Consorci' milagroso
Hay una vía más clara, el dinero presupuestado que no se gaste, que vuelva directamente a Catalunya, tal como prevé el Estatut

Un tren de Rodalies parado en la estación de Badalona, en una imagen tomada este jueves. / Zowy Voeten / EPC
Le das a la tecla y compruebas que tanto los gobiernos del PSOE como los del PP solo se han gastado realmente en Rodalies la mitad de lo que presupuestaron. De 2010 a 2023 ejecutaron 5.676 millones de euros de los 11.285 millones que habían aprobado. Deficiencias graves en las vías, en los túneles y en los taludes simplemente se ignoraban hasta llegar al accidente mortal de Gelida. Al fin, se trata de Catalunya. Pero a tanta indecencia política le llega también su solución, ¿verdad? Nace el Consorci d’ Infraestructures, reclamado por Esquerra y aceptado por el PSOE para, supuestamente, vigilar de cerca que el Estado cumpla lo que promete, firma y presupuesta sobre el papel. Consorcio paritario en miembros y en derecho a voto, para que ninguna de las dos partes pueda tomar decisiones sin contar con la otra. En vez de sumar y restar con la calculadora, crean un organismo administrativo más. Inaudito.
El Consorci le da a Esquerra oxígeno político para justificar la vía pactista con los gobiernos socialistas. Puede defender que, con este instrumento bilateral, se va a mejorar la gobernanza de las inversiones, y además pueden sacar pecho, de que pondrán al Estado bajo la lupa del cumplimiento. Como si fuera un tú a tú con Madrid. Evitan así el relato del fracaso negociador. Mientras tanto, el PSC, cómodamente sentado en el andén del Consorci, alarga plazos, rebaja presión e intenta vender la imagen de gestión útil, cooperación institucional y una política de soluciones concretas. Y si con el Consorci en marcha, Rodalies continúa siendo un desastre, la responsabilidad ya no será solo de Madrid. Los socialistas catalanes compran un seguro político.
En eso, los de Junts per Catalunya, tan escépticos como los pasajeros de Renfe que no se tragan más promesas, ponen el dedo en la llaga: el problema no es de gobernanza, sino de cumplimiento. Y hay una vía más clara, el dinero presupuestado que no se gaste, que vuelva directamente a Catalunya, tal como prevé el Estatut. Más directo, más transparente y más difícil de esquivar.
Al Consorci ya le van diseñando el logo.
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