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Opinión | 610,8 km
Martí Saballs Pons

Martí Saballs Pons

Director de Información Económica de Prensa Ibérica.

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La caravana de la bondad

Ucrania se ha convertido en la gran pieza a cobrar de un macabro tablero de ajedrez

Ucrania reconquista terreno mientras arranca en Ginebra otra ronda de negociaciones con "pocas expectativas"

Zelenski entrega la medalla a sor Lucía Caram

Zelenski entrega la medalla a sor Lucía Caram / Regio7

El próximo martes habrán pasado cuatro años del inicio de la invasión rusa de Ucrania. Volveremos a recordar el trágico aniversario: Sus antecedentes y cómo ha evolucionado. Recordaremos las consecuencias que han generado en el resto de Europa. El regreso del miedo y la nueva apuesta por el rearme, mucho más intenso en la frontera oriental de la UE, para poder hacer frente al nuevo enemigo ruso, sus amenazas y sus intentos de desestabilizar a la Unión, ya sea enviando drones o saboteando las infraestructuras.

Desconocemos si las actuales conversaciones por llegar a un alto el fuego servirán para lograr este objetivo. Mientras la mesa de negociaciones, auspiciada por Estados Unidos, se celebra, el régimen de Putin sigue destruyendo las fuentes de generación de energía de Ucrania, cuya población intenta sobrevivir al duro invierno. El frente de batalla se ha convertido en una moderna guerra de drones entre trincheras, con ligeros avances de tropas, convertidas en carne de sepultura con el paso del tiempo. A medida que EEUU ha ido retirando su apoyo militar directo a Ucrania bajo el régimen de Donald Trump, es la UE quien sigue armando a ese país con sistemas de defensa propios o comprando a la industria armamentística estadounidense.

«Que esta sea la última caravana de la bondad que se produzca. Significará que la guerra se acabó», señaló el cardenal Juan José Omella. El también arzobispo de Barcelona bendijo ayer a las 21 ambulancias -fruto de donaciones, incluyendo del fallecido papa Francisco- que salieron para llevar medicamentos y otra ayuda humanitaria desde Barcelona a Odessa. Es el 42º corredor humanitario que sale con este propósito desde 2022.

La misa de despedida para el convoy, celebrada en la cripta de la Sagrada Família, contó con la presencia de las primeras autoridades del ayuntamiento de Barcelona, incluyendo el alcalde Jaume Collboni, del conseller de Acció Exterior de la Generalitat, Jaume Duch, además de otras personalidades de la sociedad civil y una amplia colonia de ucranianas. En un discreto segundo plano estaba el corazón e impulsora del proyecto, mi apreciada sor Lucía Caram, a través de la Fundación del Convento de Santa Clara. Junto a ella, en el viaje de 3.000 kilómetros, una cincuentena de voluntarios, incluyendo guardias de seguridad y una estimadísima conductora.

Medios de comunicación como EL PERIÓDICO son esenciales, y así lo explican sus enviados especiales, para recordar Ucrania y el sufrimiento de sus ciudadanos. Este país se ha convertido en la gran pieza a cobrar de un macabro tablero de ajedrez. Es una lucha de poderes que, como en el pasado, quieren cobrarse sus piezas. También en Palestina, Yemen, Sudán, Myanmar, Congo, Somalia y en otra decena de conflictos internos, apoyados por distintas potencias. La amenaza de un ataque de EEUU, para quien los fines justifican los medios, se cierne ya sobre los ciudadanos de la dictadura de los ayatolás de Irán. Mientras tanto, la cuenta atrás para que China invada la isla de Taiwán ya ha empezado.

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