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Opinión | Ágora
Guillem Costa Calsamiglia

Guillem Costa Calsamiglia

Decano del Col·legi d’Arquitectes de Catalunya

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Cuando el viento revela nuestro descuido

El edificio, como cualquier infraestructura, envejece y, cuando no hay cuidado, los fenómenos meteorológicos actúan como un acelerador de los problemas

Catalunya se paraliza por un vendaval histórico que enciende el debate sobre la gestión de las alertas

Un operari desmunta els tendals trencats pel vendaval d’una terrassa de la Rambla de Catalunya, ahir a Barcelona. | JORDI OTIX

Un operari desmunta els tendals trencats pel vendaval d’una terrassa de la Rambla de Catalunya, ahir a Barcelona. | JORDI OTIX

Los fuertes episodios de viento que han afectado a Catalunya estos últimos días han dejado imágenes sobrecogedoras: tejas desprendidas, elementos de fachada caídos, cubiertas malogradas, andamios desmontados o persianas y letreros arrancados. Más allá de las incidencias puntuales, estos fenómenos meteorológicos nos recuerdan una realidad de la cual no parece que seamos suficientes conscientes: nuestro parque edificado es vulnerable cuando no se mantiene adecuadamente.

El viento no es una anomalía excepcional en nuestro territorio. Lo que sí que lo es, o lo tendría que ser, es que un edificio presente patologías o deficiencias de conservación que lo conviertan en un riesgo para las personas. La seguridad, la durabilidad y la resistencia forman parte de los requisitos básicos establecidos por el código técnico de la edificación, que fija las condiciones para que los edificios respondan correctamente ante las acciones del viento, la lluvia u otros agentes climáticos. Pero el cumplimiento normativo en el momento de la construcción no es suficiente si, con el paso de los años, no hay un mantenimiento continuado y profesional.

Muchos de los daños que hemos visto estos días no son consecuencia directa de la fuerza del viento, sino del efecto de este sobre el deterioro acumulado en los edificios: anclajes debilitados, fisuras no reparadas, impermeabilizaciones degradadas o elementos añadidos sin el control técnico necesario. El edificio, como cualquier infraestructura, envejece y, cuando no hay cuidado, los fenómenos meteorológicos actúan como un acelerador de los problemas.

En este contexto, hay que reivindicar la figura del arquitecto como profesional que puede velar por el mantenimiento y la conservación de los edificios. Muy a menudo se asocia la intervención profesional a la reparación urgente, cuando el mal ya está hecho. Pero el valor real de la arquitectura es anticiparse y establecer un plan de mantenimiento a lo largo de todo el ciclo de vida del edificio. Una inspección periódica y una diagnosis cuidadosa pueden detectar patologías incipientes antes de que se conviertan en incidencias graves, en riesgos para la seguridad o en costes elevados e imprevistos.

La prevención evita accidentes y permite alargar la vida útil de los edificios, mejorar el comportamiento energético y optimizar las inversiones de las comunidades de propietarios. Actuar a tiempo siempre es más económico que hacerlo tarde y, sobre todo, evita problemas, disgustos y situaciones de urgencia que afecten a la calidad de vida de los vecinos.

Catalunya dispone de un parque residencial amplio y, en muchos casos, envejecido. En un contexto de cambio climático, con episodios meteorológicos cada vez más intensos y frecuentes, la cultura del mantenimiento ya no puede ser opcional: es una necesidad. Las comunidades de propietarios tienen que entender que el edificio es un patrimonio colectivo que requiere una gestión responsable y profesional.

Por eso, desde el Col·legi d'Arquitectes de Catalunya queremos hacer un llamamiento claro: hay que tener un arquitecto de referencia cerca, un arquitecto de cabecera. Los edificios también necesitan un seguimiento técnico continuado. Disponer de un arquitecto que conozca la comunidad de vecinos y el estado del inmueble, que pueda evaluar los riesgos y orientar las decisiones de mantenimiento, es la mejor garantía de seguridad y de buena gestión económica. Cada edificio, un arquitecto.

Las ventoleras de estos días pasarán, pero sus efectos nos tienen que servir de aviso. La mejor respuesta ante los fenómenos extremos no es solo reaccionar, sino prepararnos. Cuidar los edificios es cuidar a las personas y también tener cuidado de la ciudad que compartimos. Y la prevención, en arquitectura como en tantos otros ámbitos, es siempre la inversión más inteligente.


Guillem Costa Calsamiglia es decano del Col·legi d'Arquitectes de Catalunya