
Exdiputado de ERC.
La unidad de las izquierdas y el efecto Rufián
Asusta pensar que los líderes de los partidos del ámbito izquierdista, español o catalán, pudieran llegar a caer en el error de esperar que Feijóo se instale como presidente y Abascal como vicepresidente para tocar a rebato
IU descarta ir al acto de Rufián al no ser invitado y defiende relanzar la izquierda "sin fuegos artificiales"

Gabriel Rufián, diputado de ERC, en su escaño del Congreso / José Luis Roca
Nadie puede negar el efecto Rufián. Dicho de otro modo, cómo ha sido capaz de poner dentro de una habitación, tan pequeña como escasa ha sido históricamente la colaboración entre las izquierdas, el elefante de la imprescindibilidad de un entendimiento. Urgente desde nuestra perspectiva, atendiendo al hecho que las consecuencias de una victoria de PP-Vox (hasta el día de hoy, siempre que la derecha española ha llegado a la Moncloa se ha quedado más de una legislatura) no solo serán letales para las libertades (presencia de la ilegalización de los partidos independentistas en el programa electoral de la ultraderecha) y para la cohesión social, a raíz de la hoja de ruta del desmantelamiento del Estado de bienestar, sino también para la catalanidad más básica, como por ejemplo la que se fundamenta en un sistema educativo que aspira a convertir el catalán en lengua común de un país extraordinariamente diverso. Es prueba de ello el compromiso del partido de Feijóo de crear, si llega a la Moncloa, un cuerpo de alta inspección educativa del Estado “para velar por los derechos lingüísticos de todos los alumnos y que puedan recibir enseñanza en la lengua oficial del Estado residan donde residan”.
Inmersos en el tsunami reaccionario global -tan amenazantes como evidentes son las nefastas consecuencias para la sociedad catalana si la reacción culmina en el Estado español-, desesperan las reticencias a poner manos a la obra para evitarlo. Inquietan los miedos a hacerlo sin prejuicios, dejando al margen rencores incubados en disputas pasadas e intereses de corto plazo que no casan para nada con el sufrimiento y los miedos de la ciudadanía. Más aún en el caso de Catalunya, donde tantos esfuerzos se han invertido desde el republicanismo y desde el resto de fuerzas catalanistas progresistas en la etapa 'posprocés' para priorizar el camino de la resolución de los déficits de infraestructuras producto del expolio fiscal, la superación de las injusticias sociales inherentes al sistema económico y la integración de los nuevos catalanes venidos de todo el mundo. Un tridente de objetivos imprescindibles para avanzar en la construcción de una solución que implique al conjunto de la sociedad catalana en hacer realidad un referéndum para decidir la relación de Catalunya con el Estado.
Un proceso gigantesco de resultado incierto, pero viable si en Madrid el próximo año la socialdemocracia española no solo continúa en el poder, sino que se convierte en más tributaria de las izquierdas independentistas y soberanistas. Asusta, pues, pensar que los líderes de los partidos del ámbito izquierdista, español o catalán, pudieran llegar a caer en el error de esperar que Feijóo se instale como presidente y Abascal como vicepresidente para tocar a rebato, a la unidad de acción.
En todo caso, todavía estamos a tiempo. Corresponde, pues, a las diferentes fuerzas políticas actuar en coherencia. En cuanto al partido de Rufián, los deberes ya se fueron haciendo en el 30º congreso nacional celebrado en Martorell el año pasado. Previsores, los militantes republicanos aprobaron en la hoja de ruta lo siguiente: “Esquerra Republicana, además de colaborar con las fuerzas soberanistas e independentistas de las naciones históricas, tiene que trabajar también con aquellas fuerzas republicanas y de izquierdas del Estado español que compartan una apuesta clara por los derechos de los pueblos a la autodeterminación, la democratización y la justicia social, con el objetivo de superar el régimen del 78 y construir una alternativa real a los oligopolios económicos y políticos que perpetúan la monarquía y las desigualdades estructurales”. En definitiva, un texto que insta el conjunto de la militancia de Esquerra a debatir cómo y de qué manera se concreta a nivel español, lo cual interpela también al marco catalán, impidiendo a los Comuns, a las CUP y a otros mirárselo desde la barrera.
Es hora de generosidades y de voluntades de rehuir las zonas de confort. ¿Cuál es la razón por la que no es posible un frente de izquierdas catalán que reúna, sin que se tenga que renunciar a las siglas, a partidos de izquierda 'indepes' y soberanistas? ¿Cuál es la razón por la que, si nos jugamos tanto, podemos permitirnos el lujo, desde el independentismo republicano, de no implicarnos en favor de la victoria de la izquierda española cuando, por primera vez, uno de los nuestros se ha convertido en icono de esperanza?
De cómo se respondan estas preguntas, se concluirá el tipo de patriotismo que independentistas y soberanistas somos capaces de destilar y de hacer hegemónico para encarar los retos de los nuevos tiempos. De aquí la trascendencia de un debate inaplazable y necesariamente inmediato.
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