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Opinión | Izquierda
Albert Soler

Albert Soler

Periodista

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Rufián debe ir al sastre

Quien empujó a todos al 'procés' y, tras el fracaso, mientras sus compinches entraban en prisión o se largaban por patas, se libró de todo y se instaló en Madrid, es un funambulista que no puede ir encorsetado por la vida

Rufián y ERC chocan por el frente de izquierdas: ¿qué motivos hay detrás y cómo queda su relación con Junqueras?

Madrid. 11.02.2026. Gabriel Rufián. Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, durante su comparecencia en el Congreso de los Diputados

Madrid. 11.02.2026. Gabriel Rufián. Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, durante su comparecencia en el Congreso de los Diputados / José Luis Roca / EPC

No hay nada peor que un gordito con traje apretado, porque nadie le escucha, ocupados como estamos todos en alejarnos de él lo suficiente para que, cuando la tela reviente, no nos dé en un ojo. Si Rufián pretende labrarse un futuro en la política, debería empezar en la sastrería, y no intentando crear un consorcio de izquierdas que nadie quiere, entre otras cosas porque en España no hay partidos de izquierdas. Un buen sastre no conseguiría que el mensaje de Gabriel Rufián sonara creíble ni honesto, los milagros no se hacen entre paños y agujas de coser, pero por lo menos dejaría de parecerse al “tall rodó” de ternera que preparaba mi abuela en fechas señaladas, con la carne amenazando con romper el cordel que la constreñía. Después sí, ya sin el miedo de que el traje quebrara por sus costuras, tal vez algún despistado atendiera a lo que Rufián quisiera comunicarle.

También a Pérez Galdós le apretaba el traje con que se presentó al Congreso cuando fue elegido diputado. Lo sabemos porque Julio Camba le preguntó por qué seguía las intervenciones en pie, a lo que el escritor metido a político respondió que temía que, si se sentaba, el traje estallase. En cambio, Rufián es muy capaz de sentarse en su escaño sin quedar semidesnudo pese a la presión a que somete a sus pantalones, de hecho, prometió marcharse a los 18 meses y lleva ahí diez años, lo cual demuestra que la resistencia del tejido español ha mejorado en el último siglo casi tanto como ha empeorado la calidad de nuestros representantes políticos, vaya una cosa por la otra.

El problema de vestir un traje unas cuantas tallas menores de lo que corresponde no es de imagen, o no solo, el principal problema es que resta agilidad, y si algo caracteriza a Rufián es la agilidad. Quien empujó a todos al 'procés' y, tras el fracaso, mientras sus compinches entraban en prisión o se largaban por patas, se libró de todo y se instaló en Madrid, es un funambulista que no puede ir encorsetado por la vida. Un tipo que anteayer era un charnego malviviendo en Catalunya, ayer se convirtió en un líder independentista, hoy se postula como la gran esperanza blanca de la izquierda española y mañana tal vez pretenda liderar la derecha europea, precisa un vestuario que no le oprima, que le permita cambiar de rumbo a cada momento según sus propias necesidades.

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