
Director de EL PERIÓDICO
Deberían hacerse todos reincidentes

Política, acuerdos y contrastes sociales / Chatgpt
El populismo pone por delante las consignas a las soluciones. Este jueves quedó descolocado cuando el Congreso aprobó una reforma legal contra la multirreincidencia presentada por Junts, apoyada por los alcaldes metropolitanos del PSC y por la abogacía, con los votos a favor de los promotores, el PP, el PSOE, el PNV, UPN y... Vox. Esquerra se abstuvo supongo que con un dolor de barriga de Rufián, convertido en el nuevo Pablo Iglesias. Nada de esto cuadra con el esquema de la polarización que retroalimentan en Moncloa y en Génova. No se puede pactar con Vox excepto si pactan todos a la vez. Sería la crítica fácil. De hecho, los diarios ayusistas berrearon contra el pacto casi más que los de mancheta morada. Pero si me lo permiten, estamos ante una jugada maestra, quizás una de las mejores que se han hecho en España para frenar el auge el populismo nacido de la extrema derecha. Se coge uno de sus mantras basados en pseudohechos, se le busca una solución dentro del marco de las reglas del Estado de derecho y se implementa con un amplio consenso del que no pueden escapar y que les hace a medio plazo corresponsables de la eficacia de una solución que nunca es tan sencilla como la que proponen. Miel sobre hojuelas.
La gente tiene problemas antes que ideología
Uno de los grandes problemas de los politólogos metidos a estrategas de partido, especialmente si provienen de una matriz marxista, es que para convertir la política en una ciencia tienen que reducir a las personas a meros números de una colectividad. En su cabeza, si eres trabajador solo puedes ser de izquierdas y si eres de izquierdas tienes que ser partidario en cualquier circunstancia de la justicia no punitiva. Ergo aunque pierdas el trabajo porque cierra el restaurante en el que cada semana le roban el móvil los mismos tipos a los clientes, no puedes estar a favor de una medida como la propuesta en esta reforma. Esta superioridad moral, encarnada en la última década por gente como Iglesias o Rufián, deja a cientos de miles de trabajadores a los pies de la extrema derecha. Y muchos, que tienen problemas antes que ideología, pueden acabar sucumbiendo a sus supuestos encantos. El PSC, y por lo que se ve la dirección de Esquerra, han sabido salir de ese círculo vicioso de regalar la bandera de la seguridad ciudadana a la derecha en su versión populista. Ese es un camino que se podría seguir en muchos otros asuntos, por ejemplo en el de la vivienda o en el de la ecuación entre la protección de la agricultura y la defensa de la apuesta de la UE por el libre comercio. La ultra derecha no crece solo por las redes y por Trump, también crece cuando la dejamos haciendo monólogos de temas espinosos que requieren soluciones tan complejas como los problemas que se pretenden solventar.
La política no es una ciencia, es un arte
Hace unos meses tuve la oportunidad de leer el libro 'Se hace democracia al andar' del profesor Carlos Barrera, un sabio que dirige el que todo el mundo considera que es el mejor máster de Comunicación Política de España. Repasa la estrategia de comunicación que han tenido los diferentes presidentes del Gobierno desde el retorno de la democracia y de qué manera el relato acaba modelando la acción política. La lectura me confirmó la intuición de que la política es un arte y no una ciencia por mucho que los profesores marxistas se empeñen en reducirla al esquema conductista de vincular los sentimientos y el comportamiento de la gente única y exclusivamente a sus condiciones materiales, especialmente su clase social. Vivimos rodeados de una tecnocracia que vincula todo problema con la renta de los individuos y toda solución con el incremento del gasto público. Los maestros están hastiados porque cobran poco lo que provoca que crezca el fracaso escolar. Por lo tanto, hay que subirles el sueldo, contratar a muchos más aunque baje la natalidad y reducir las horas lectivas. Siempre que escucho esta cantinela, reiterada en muchos otros sectores empezando por el periodismo, recuerdo a una profesora de mi hija llorando durante una tutoría porque se sentía permanentemente desautorizada por los padres y las madres de sus alumnos que cada fin de semana retrocedían en sus hábitos más básicos de comportamiento. No he conocido ningún periodista que mienta porque cobra poco, más bien he visto a muchos mentirosos con el sueldo alto, muy alto y muy condecorados. De manera que sí, salgan señores políticos de la burbuja de la pseudociencia marxista y sean reincidentes en tratar a los votantes como a personas, atiendan sus problemas antes que su condición y confronten con el populismo. Extremadura y Aragón son una gran oportunidad.
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