
Periodista
La radio y la gloria
La radio no falla nunca y eso es casi revolucionario. De hecho, como una revolución, sí, el directo radiofónico es frágil y por eso es tan vivo.

Una radio / Freepik
En un mundo donde todo reclama nuestra atención de manera salvaje, permitidme que dedique este espacio hoy a la radio, ahora que acabamos de celebrar su día mundial. Se conforma con ser escuchada. Y en esa renuncia a abarcarlo todo hay una forma sutil de elegancia. No está en el centro del salón ni nos abstrae del mundo llevándonos de una historia a otra cada diez segundos, con una sucesión infinita de estímulos. La radio habita el espacio con discreción. Es un hilo invisible que atraviesa la cocina, el coche, el despacho, sin expulsar nada de su lugar. También las conversaciones familiares. Es un personaje secundario. Mientras preparas la cena y le pides a tu hijo que haga la mochila para el día siguiente, esa voz te explica que el presidente del Gobierno recibirá el alta en los próximos días y que Donald Trump no sé qué. Hay una intimidad muy particular con la radio.
Como no pretende abrumarte, la radio es el territorio de la imaginación. Podríamos decir, dejándome llevar un poco, incluso que es territorio de libertad. Porque sin escenografía ni maquillaje, el tono, el ritmo y los silencios hacen que te construyas una casa a medida donde las pausas las completas con tu propio pensamiento. La radio te da espacio. Simplemente, emite y tú decides si estás o no. Hay una idea de libertad casi romántica en ese pacto.
Al mismo tiempo, también es un espacio para la comunidad. Lo vimos el día del gran apagón. La radio no falla nunca y eso es casi revolucionario. De hecho, como una revolución, sí, el directo radiofónico es frágil y por eso es tan vivo. Siempre puede pasar cualquier cosa, no hay red, solo confianza en la palabra, en el tiempo y en el oyente: suspender el juicio, dejar que el otro despliegue su relato. La radio es el arte de la conversación sostenida y todo el abanico infinito de inflexiones y matices.
Su grandeza es esa condición de acompañante. Puedes estar todo el día oyéndola y escucharla solo de vez en cuando. Es una amistad que no te reclama cada día, pero que siempre está ahí cuando la necesitas. La gloria es un día en que no puedes dormir y decides encender la radio, y allí encuentras a alguien que te habla y que te cuenta cosas, y que te recibe con la naturalidad de siempre, aun sabiendo que, más temprano que tarde, acabarás cerrando los ojos y volando a la casa de los sueños.
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