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Opinión | GATO ADOPTIVO

Ferran Boiza

Ferran Boiza

Director adjunto de EL PERIÓDICO

La dificultad de dar la razón al oponente

Diputados y alcaldes de Junts, el jueves en el Congreso-

Diputados y alcaldes de Junts, el jueves en el Congreso- / Alberto Ortega / Europa Press

La polarización es tramposa, porque no solo empuja a elegir bando, también cambia la mirada. Cuando la conversación pública se convierte en una guerra de trincheras, la realidad pasa a ser munición para confirmar el prejuicio. Y mientras se discute a gritos, se escapa lo esencial, como que los problemas rara vez caben en un eslogan, las soluciones casi nunca son perfectas y el mundo real no se comporta como nuestro timeline.

Viene a cuento esta reflexión por el endurecimiento de las penas contra los delincuentes multirreincidentes, aprobado con una mayoría amplísima en el Congreso, del PSOE al PP, pasando por Junts, PNV y Vox, y la abstención de ERC. La iniciativa la registró Junts y al Gobierno, necesitado de recomponer su relación con Puigdemont, le ha convenido dejarle el protagonismo. Pero, más allá del reparto de medallas, lo relevante es que la medida respondía a una demanda extendida y transversal en Cataluña.

El Colegio de la Abogacía de Barcelona ha recordado que la norma incorpora una propuesta trabajada en su Comisión de Normativa, y es cierto. Pero la presión venía de lejos. Al menos desde 2019, Foment y asociaciones del comercio y el turismo reclamaban más contundencia ante los hurtos leves mil veces repetidos. Después, el Ayuntamiento de Barcelona, la Generalitat y el propio Ejecutivo fueron asumiendo la necesidad de reforzar la respuesta judicial. Los números ayudan a entenderlo: solo el año pasado, 470 personas fueron detenidas 4.001 veces y se las vinculó con más de 9.700 delitos.

Cada partido tendrá sus motivos, en Junts seguro que ha pesado la presión de Aliança Catalana y de sus alcaldes, pero el apoyo social era tan amplio que ERC, a diferencia de otras formaciones a la izquierda del PSOE, optó al final por la abstención. Sacar la cabeza de la trinchera, apartarse un momento del ruido de las redes y resistir la polarización fácil también consiste en esto, en ser capaz de respaldar reclamaciones compartidas, sin que lo único decisivo sea quién las firma.

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