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Opinión | Juegos Olímpicos
Albert Soler

Albert Soler

Periodista

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Con un buen pene se llega más lejos

Cuando dicen que la medalla de oro puede depender de unos centímetros, se refieren a centímetros de nabo

Inyecciones en el pene para saltar más lejos: la polémica de los saltadores de esquí que ha llegado a los Juegos Olímpicos de Invierno

El saltador de esquí esloveno Domen Prevc

El saltador de esquí esloveno Domen Prevc / ANNA SZILAGYI / EFE

Los JJOO de invierno nos han traído una nueva trampa: inyecciones de ácido hialurónico en el pene, para agrandarlo. No es broma, es dóping. Los saltadores de trampolín están obligados a usar trajes ceñidos -revisados por los jueces- para evitar un “efecto vela” que les permitiría ganar metros, y un pene grande -en algún sitio hay que meterlo- autoriza más centímetros de tela en la entrepierna, que se traducen en un mayor salto. Cuando dicen que la medalla de oro puede depender de unos centímetros, se refieren a centímetros de nabo.

Lo condenable no es tener un pene catedralicio, sino obtenerlo de forma artificial. Si usted está excepcionalmente dotado por la naturaleza, nada le impide practicar el salto de trampolín, al contrario, su anatomía le favorece, y cuando los jueces le comprueben la anchura, diámetro y longitud del miembro, sostenga con orgullo y la cabeza alta que es cien por cien natural, ni ácido hialurónico, ni nada, uno es así. No está de más llevar en la cartera una foto antigua que demuestre que lo suyo es de nacimiento. Lo que se prohíbe es el dóping, no unas partes nobles dignas de envidia.

En este deporte, los mejor dotados tienen ventaja sobre aquellos a quienes la naturaleza no premió con buenos atributos. De nada sirve quejarse, la vida es así, también los altos tienen ventaja sobre los bajitos para jugar al baloncesto. Uno de mi barrio se fue a Turquía a alargarse el pene, aunque se comenta que lo hizo para obtener mejores marcas en el salto del tigre y no en el de trampolín. Aun así, queremos animarle a que se compre unos esquíes, nunca es tarde si la dicha es buena, y no solo la dicha, si convencemos al COI de que fue a ponerse pelo y que su berenjena es de nacimiento, podría ser el primer campeón olímpico de Can Gibert.

Antes de que el tema se nos vaya de las manos y los JJOO de invierno y de verano se conviertan en un desfile de miembros elefantiásicos -qué horror de ceremonia inaugural nos quedaría- haría bien el COI de informar que no en todos los deportes un pene descomunal es beneficioso. En natación, por ejemplo, supone una carga extra para el deportista, y además provoca resistencia hidrodinámica, es como nadar con una boya atada a la cintura. Y en los saltos de atletismo -pértiga o altura- un leve golpecito con el prepucio bastaría para derribar el listón. A veces es mejor tenerla pequeña, no sé si existe también un dóping reductor.

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