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Opinión | Elecciones en Aragón
Joan Tapia

Joan Tapia

Presidente del Comité Editorial de EL PERIÓDICO.

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El cabreo vota Vox

El PSOE (5) y el PP (2) han perdido juntos siete escaños. Los mismos que ha ganado la extrema derecha de Abascal, que ha doblado sus resultados

El líder del PP, Jorge Azcón, celebra la victoria de su partido en las elecciones del 8F.

El líder del PP, Jorge Azcón, celebra la victoria de su partido en las elecciones del 8F. / JAIME GALINDO

"El cabreo de la gente puede servir para gritar como Vox o ser útil como el PP", dijo Jorge Azcón, presidente de Aragón y candidato del PP, a 'El Mundo' el pasado viernes. Y añadió: "¿Repetir 28 escaños es un fracaso? Aspiro a mejorar".

Respuesta. Sí, hay cabreo y por eso el PSOE ha perdido 5 escaños y se queda en 18, como Javier Lambán en 2015, cuando el Podemos de Iglesias le pegó un buen mordisco. Y eso que Pilar Alegría no era mala candidata y hace años ganó a Azcón (aunque no pudo ser alcaldesa) en las municipales de Zaragoza.

También hay cabreo porque Azcón, que quería subir y acercarse a la mayoría absoluta de 34 escaños, no solo no lo ha logrado, sino que ha perdido dos (de 28 a 26). Convocó elecciones porque Vox no le votaba los presupuestos y ahora tendrá que pactar con Abascal para volver a ser investido. Y Vox será más intratable porque ha doblado resultados, de 7 a 14 escaños.

Los dos partidos centrales y proeuropeos han perdido juntos siete diputados mientras que Vox, que no acepta el Estado autonómico y está contra Europa, se los ha robado. Siete menos de los dos partidos que son el eje del sistema y siete más para la extrema derecha. A Azcón le ha pasado como a María Guardiola en Extremadura: convocan para prescindir de Vox y que Feijóo gane brillo frente a Abascal, y sucede exactamente lo contrario.

El consuelo -no insignificante- es que la ventaja sobre el PSOE, que era de cinco escaños (28 a 23), ahora pasará a ser de ocho (26 contra 18). Para Sánchez es otro golpe -tras el extremeño-, y mayor porque Alegría era una ministra estrella y ser la portavoz del Gobierno la ha perjudicado. Ha sido vista más como una delegada de Pedro Sánchez que como la presidenta de Aragón.

Si Sánchez proclama que el PP es tan reaccionario como Vox, y que hay que levantar un muro contra la derecha, está partiendo en dos a la sociedad. ¿Inflando a Vox? Y cuando Feijóo replica que Sánchez lleva a España a la catástrofe -pese a que la economía tira y se crea empleo- está deslegitimando al Gobierno, constitucionalmente elegido y tiñendo todo de negro.

Si el PSOE y el PP, en su lógica lucha por el poder, se demonizan al extremo el uno al otro, el beneficiario es Vox, que rompió los gobiernos autonómicos con el PP en el 2024. Y el que capitaliza la protesta -hay asuntos como la vivienda que no funcionan- que desemboca en el cabreo. Contra todo. ¿Incluso contra la democracia? Y hay un viento mundial -Trump- que alienta a la extrema derecha en toda Europa.

Quizás el gran error de Azcón fue convertir unas elecciones autonómicas -en las que tenía buena nota- en unas polarizadas españolas al decir que votarle era "la mejor manera de joder a Sánchez". ¿Era lo sustancial en Aragón? Y, quizás nervioso por las últimas encuestas, llamar al ultra Vito Quiles y a los Meconios, los de 'Vamos a volver al 36', a su final de campaña.

En Aragón ha quedado claro que atizar el voto del cabreo solo beneficia a Vox. Y dicen que Aragón es el Ohio español, que marca tendencia.

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