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Opinión | 'THE OTHER CLUB'
Albert Sáez

Albert Sáez

Director de EL PERIÓDICO

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¿Por qué nos quieren quitar aquello que les trajo aquí?

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Mantener la tensión en el muro que separa de manera supuestamente infranqueable a los socios de investidura de Pedro Sánchez de la ultraderecha planetaria no es fácil. Hay que generar un tema a la semana y si hay cerca unas elecciones autonómicas con perspectivas desastrosas, un par si puede ser. Así que esta semana los alquimistas de la Moncloa pusieron en la diana a las redes sociales. Muy buena idea para evitar que nadie piense en las otras redes, las de carreteras y la de ferrocarriles, donde hace años que no se invierte. Y los del muro llevan nada menos que 9 administrando a los administradores invisibles de Adif. La primera parte de la semana fue vivida con júbilo en el equipo de Sánchez. Elon Musk (dueño de X) y Pável Dúrov (dueño de Telegram) mencionaron al presidente en sendos mensajes que no solo fueron masivos en sus plataformas sino que la oficina de prensa se ocupó de que aparecieran en los medios convencionales. El drama de la izquierda actual es que cuando Sánchez hace de Podemos, el espacio articulado por Pablo Iglesias tiene que subir la puja. De manera que Sira Rego, dirigente del Partido Comunista y aunque ninguno de ustedes lo recuerde ministra de Juventud e Infancia, se vino arriba y pidió directamente que se prohíba X en España. Y ya puestos, Tik Tok, Telegram y todas excepto Instagram, que es el mundo en el que a todos nos gustaría vivir. Stalin estaría orgulloso de esta mujer.

Twitter, parlamento paralelo

Sira Rego no sabe que si no fuera por Twitter, antecesora de X, ella no sería hoy ministra aunque sea de una cosa de la que nadie se acuerda. “La política real está en las redes, no en las instituciones”. La frase no es de Musk ni de Dúrov. Es de Pablo Iglesias en el año 2014, cuando consiguió ser el político español con más seguidores en Twitter. La defensa a ultranza de las redes sociales iba acompañada de un furibundo ataque a los medios de comunicación a los que acusaba de formar parte de la casta, fuera cual fuera su orientación editorial. Esta casa sufrió en diversas ocasiones este tipo de ataques. “Lo preocupante no son las cuentas de Twitter sino las cuentas de Andorra o de Suiza”, dijo en 2015. El argumento no es muy diferente al que ahora emplea Vox para evitar que sus seguidores lean informaciones que no consideran favorables. El totalitarismo no se distingue a uno y otro lado del muro de Sánchez. Convendría no olvidarlo en las próximas semanas y meses. Con lo cómodo que sería levantar otro muro que no constaría tanto de tensionar en el día a día en el que de un lado estuviéramos los partidarios de la democracia liberal, de las reglas, de la responsabilidad editorial y en el otro los totalitarios, libertarios y activistas no importa de qué ni para quién.

Hay ideologías que no han pagado sus excesos

Sánchez, Rego, Iglesias no pierden oportunidad de vincular a la derecha con la extrema derecha y en nada ya los tienen apiñados con el nazismo y el totalitarismo. Y, ciertamente, a veces al PP le falta contundencia en distanciarse de ese mundo. Pero lo curioso es que nadie le pide explicaciones a cierta izquierda de los excesos de algunos miembros de su familia ideológica, como el mismo Stalin, o del fracaso de algunas de la políticas que en el último siglo se han inspirado en el materialismo histórico a la izquierda de Hegel. Millones de europeos pasaron hambre y privaciones durante décadas por caer en el lado Este del Telón de Acero, vidas que se perdieron para siempre y que, posiblemente, en número son muchas más que las que recuerdan, merecidamente, que acaban cada año en las aguas del Mediterráneo. Los ejemplos pueden llegar hasta la actualidad más rabiosa. Todo el mundo está buscando trazas que permitan vincular la liberalización de la alta velocidad con el accidente de Adamuz. O en la participación de contratistas privados en las obras promovidas por la empresa pública Adif. En cambio, a nadie se le ha ocurrido comparar lo mal que funciona el gestor de los ferrocarriles, cien por cien público, y lo bien que lo hace el gestor de los aeropuertos (Aena) con participación público-privada. Pero, claro, en el universo marxista, lo público es bueno por naturaleza y lo privado malo por sí mismo. Así que aquel Twitter que trajo a la política a Iglesias y, no nos engañemos, a Sánchez y a tantos otros, ahora es el arma letal de los “tecnooligarcas. Unos se hicieron con la pasta, pero los otros se hicieron con el poder político. Fue un “win-win” por mucho que ahora abjuren de las redes sociales como tantos periodistas que no serían lo que son sin haber sido antes estrellitas de la red. El mal ya está hecho y en el parlamento paralelo reina Vox. Gracias, entre otras cosas, a Musk pero también al muro erróneo que les permite gobernar.

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