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El Parlamento y la calle
La distancia entre la teatralidad parlamentaria y la realidad no hace más que sumarse a los motivos para el alejamiento y el descrédito de la política entre los españoles

El hemiciclo del Congreso de los Diputados. / EFE
En un régimen parlamentario como el español, las cámaras tienen una función legislativa y otra de control de la actividad del Ejecutivo. En el primer caso, que hemos analizado ya en varias ocasiones, la productividad de la legislatura en curso no ha sido precisamente destacable debido a los crecientemente inestables apoyos parlamentarios del Ejecutivo, con la imposibilidad de aprobar unos presupuestos de nueva planta como señal más significativa y deplorable. Hoy EL PERIÓDICO analiza de qué forma los partidos de la oposición, y los socios de Pedro Sánchez, han ejercido esa segunda función de control a través de un mecanismo específico, las preguntas orales al Ejecutivo presentadas en los plenos y comisiones del Congreso y del Senado. Y en concreto, hasta qué punto los temas en los que han puesto el foco en estas 3.890 preguntas registradas (1.751 en pleno y 2.139 en comisiones) se corresponden con las principales inquietudes de los españoles, a partir de los resultados del último barómetro del CIS, o cuando menos con las preocupaciones específicas de sus respectivas bases electorales o de los territorios que representan.
La comparativa confirma, hasta cierto punto, la existencia de una brecha entre el discurso político entre las paredes de las cámaras y los intereses ciudadanos. Mientras que la vivienda, por ejemplo, es la primera preocupación para el 19% de los españoles, por encima de cualquier otra (y supone una de las tres primeras inquietudes para el 40%), solo el 3,8% de estas actuaciones de control de los grupos de la oposición y los socios de Gobierno interpelan al Gobierno sobre estas políticas. Una distancia entre la teatralidad parlamentaria y la realidad que no hace más que sumarse a los motivos para el alejamiento y el descrédito de la política entre cada vez más españoles. Otras carpetas (la sanidad, las infraestructuras...), apuntan los datos, parecen quedarse limitadas a la actuación de los partidos con una base territorial concreta afectada por un problema específico, aunque hayan saltado a primera línea cuando pueden ser útiles como ariete contra el adversario en la política y escena mediática llamadas abusivamente nacionales. Cuando los problemas del ferrocarril afectaban a regiones infradotadas como Extremadura o repetidamente descuidadas como Catalunya probablemente ocuparon menos espacio parlamentario que cuando los problemas se hicieron notar en la capital.
Con todo, la agenda parlamentaria responde tanto a la necesidad, insuficientemente atendida, de representar y reflejar las demandas y necesidades de la sociedad, como a la voluntad de intervenir e influir en ella a través de gesticulaciones y aspavientos de cara a las cámaras (las de los medios). Y cabe preguntarse si con cierto éxito. Las distintas opciones del barómetro del CIS que indican insatisfacción hacia la política (corrupción, inestabilidad política) son mencionados como primera preocupación por el 41% de los encuestados, coincidiendo con el hecho de que los grupos parlamentarios utilizan las preguntas al Gobierno mayoritariamente (es el tema más citado, aunque en un 16% de las preguntas) para confrontar con Sánchez o con sus ministros y abordar cuestiones relativas al Gobierno y partidos. Algo que también se reproduciría, probablemente, en las réplicas que desde el Ejecutivo se dan a estas interpelaciones. ¿Representa este sesgo autorreferencial de la clase política, retransmitido diariamente, a la realidad de la calle, o es su discurso el que ha conseguido inyectar la polarización en parte de la ciudadanía?
En cualquier caso, a la hora de reclamar responsabilidad a nuestros representantes, eso debería incluir tanto una exigencia de que atiendan a las necesidades reales como que dejen de erigir muros y fronteras que acaben viciando la calidad del debate parlamentario y, si eso se enquistase, la convivencia democrática.
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