Saltar al contenido principalSaltar al pie de página
Opinión | Oposición
Astrid Barrio

Astrid Barrio

Profesora de Ciencia Política de la Universitat de València. Miembro del Comité Editorial de EL PERIÓDICO

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Entre el control y la confrontación

La actividad controladora es intensa y constante, pero una parte significativa de las preguntas se orienta al cuestionamiento general del Gobierno, con un marcado componente retórico y un tono altamente confrontativo

El hemiciclo del Congreso de los Diputados.

El hemiciclo del Congreso de los Diputados. / EFE

El control al Gobierno es uno de los pilares del parlamentarismo y cumple una función básica en el equilibrio institucional. Permite al Parlamento exigir responsabilidad política al Ejecutivo y comprobar si su actuación se ajusta al marco legal, si mantiene la coherencia con el programa anunciado y si gestiona adecuadamente los recursos públicos. Al mismo tiempo, tiene una función informativa, ya que obliga a explicar políticas, a justificar prioridades y a dar cuenta de las decisiones adoptadas, contribuyendo a generar conocimiento público y a reforzar la transparencia.

En este marco se sitúan las preguntas parlamentarias, especialmente las de la oposición, concebidas como solicitudes concretas de información sobre la acción del Gobierno. Su valor reside en la precisión, ya que permiten aclarar hechos, señalar problemas y sostener un control continuo. Y, aunque no implican una sanción política directa, funcionan como un mecanismo estable de supervisión que obliga al Ejecutivo a dar explicaciones públicas sobre cuestiones de interés general. Por ello, tienen también, al menos teóricamente, un efecto preventivo, en el sentido de que la expectativa de responder de forma periódica ante la cámara debería incentivar un proceder más prudente, que no solo permita corregir posibles errores cuando aparecen, sino también prevenirlos. Y, por último, también cumplen una función representativa, al trasladar preocupaciones sociales y conectar la acción del Gobierno con las demandas de la ciudadanía.

El caso español muestra, sin embargo, un cumplimiento desigual de estas funciones. La actividad de control es intensa y constante, pero una parte significativa de las preguntas se orienta al cuestionamiento general del Gobierno, con un marcado componente retórico y un tono altamente confrontativo. En el Senado, la dimensión territorial introduce con mayor frecuencia asuntos vinculados a infraestructuras, agricultura u otros intereses específicos, aunque la lógica de confrontación sigue predominando.

Esta orientación resulta coherente con la dinámica de competencia partidista y se traduce en intervenciones centradas en impugnar la acción del Ejecutivo y subrayar sus debilidades. Sin embargo, los problemas materiales que más preocupan a la ciudadanía -como la vivienda o la situación económica- tienen una presencia menor. Las prioridades responden así tanto a las estrategias de oposición como a la necesidad de ganar visibilidad y reforzar su posicionamiento político.

Ello da lugar a una tensión entre la función institucional del control y su uso como instrumento de competición. La confrontación forma parte de la dinámica parlamentaria, pero cuando pasa a ocupar una posición central, su capacidad informativa y de rendición de cuentas se ve reducida. Recuperar el sentido del control parlamentario requiere preguntas mejor orientadas, es decir, centradas en pedir explicaciones, evaluar políticas públicas y conectar el debate parlamentario con los problemas concretos de la ciudadanía.

Suscríbete para seguir leyendo