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Opinión | Conocidos y saludados
Josep Cuní

Josep Cuní

Periodista.

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Pilar Alegría, en el altar del sacrificio

La candidata socialista ha venido repitiendo un manido manual de advertencia del riesgo del triunfo de la derecha poco convincente para sus potenciales electores

Sánchez defiende en 'The New York Times' su regularización de inmigrantes: "¿Qué debemos hacer con esta gente?"

Pilar Alegría se desprende del corsé de ministra de Sánchez y apuesta su campaña a un perfil de “cercanía”

Pilar Alegría, candidata del PSOE.

Pilar Alegría, candidata del PSOE. / MIGUEL ANGEL GRACIA

Una casa no siempre es un hogar. Lo saben bien los presidentes de los diferentes gobiernos españoles que han habitado en la Moncloa. Todos ellos y sus familias han lamentado, en algún momento, no haber conseguido convertir el famoso palacete en “el estuche de la vida” que Le Corbusier pretendía que fueran sus construcciones. Además, el hecho de residir en el mismo recinto donde se trabaja imposibilita que este sea el refugio imprescindible contra cualquier tempestad exterior. Y hay demasiadas.

Mucho se ha escrito del síndrome de la Moncloa. Alejados progresivamente de la realidad de la calle, nuestros primeros ministros han ido reduciendo su conocimiento a lo que les cuentan sus interesados asesores, resumen los informes oficiales y simplifican las encuestas. Esto hace que, tarde o temprano, equiparen a la ciudadanía en cifras estadísticas desconocedoras de la única verdad, que es la oficial y está en sus manos. La compensación a tanta incomprensión suele buscarse en las relaciones internacionales, por lo general más satisfactorias. Fuera encuentran la valoración que dentro se resiste y la satisfacción que se niega.

Pedro Sánchez ha llevado a las páginas del 'The New York Times' su pedagógica explicación de una decisión interna: regularizará a medio millón de migrantes. La memoria de lo que fue este país décadas atrás como razón moral, y sus necesidades de futuro inmediato como pragmática exigencia económica, proyectan los elementos imprescindibles de un presente cada vez más condicionado por las crecientes fuerzas reaccionarias y su discurso de "menos, propios y auténticos". Lema hoy predominante en los Estados Unidos, al habérselo hecho suyo la mayoría de los penúltimos, convertidos por temor en enemigos de los últimos.

En paralelo, el anuncio de elevar a los 16 años la edad mínima para registrarse en redes sociales, provocando la reacción furibunda de Elon Musk y otros secuaces, avala a Sánchez como el resistente progresista internacional que quiere ser y cuya investidura buscará en Barcelona el próximo abril.

Nada de esto, en cambio, parece motivar lo suficiente a una población española que sigue inclinando el fiel de la balanza a la derecha. Pasó en Extremadura y todos los sondeos indican que se repetirá el domingo en Aragón. De confirmarse, su víctima principal será María del Pilar Alegría Continente (Zaragoza, 1 de noviembre de 1977).

La candidata socialista ha venido repitiendo un manido manual de advertencia del riesgo del triunfo de la derecha poco convincente para sus potenciales electores, en estos tiempos de máxima polarización y mínima razón. Y esto que muchos de ellos la quisieron como la alcaldesa de Zaragoza que no fue por el pacto de sus oponentes, a pesar de haber ganado ella los comicios municipales. Quien la desbancó entonces, Jorge Azcón, presumiblemente lo hará de nuevo, pero ahora podrá alardear de haber derrotado a toda una ministra que ganó presencia y visibilidad justificando a propios y criticando a extraños pero que dejará un poco más tocado al Ejecutivo al que ha puesto voz los dos últimos años. Aun así, no está escrito, como alardea el candidato del PP, que este nuevo revés parcial de los socialistas sea la antesala de su derrota final. El tiempo dirá si Sánchez convirtió a Alegría en víctima propiciatoria.

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