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Opinión | 610,8 km
Martí Saballs Pons

Martí Saballs Pons

Director de Información Económica de Prensa Ibérica.

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Un godo aterriza en Gran Canaria

Espero que la isla defina y ejecute un proyecto ferroviario que necesita como agua de mayo, que esté bien financiado y que pueda ser rentable

Panorámica del Puerto de Las Palmas de Gran Canaria.

Panorámica del Puerto de Las Palmas de Gran Canaria. / E. D.

«¿Cómo es posible que no haya un tren o tranvía que evite este festival automovilístico?». El atrevimiento de aterrizar en un lugar por primera vez y mostrarse asombrado por temas que los nativos tienen más que oído y debatido puede generar mejores y peores reacciones. Sobre todo si eres un godo, calificativo despectivo con que definen a los peninsulares los canarios. Redimí uno de mis pecados originales esta semana al pisar Gran Canaria, lugar fundacional de Prensa Ibérica, donde hoy excele el diario 'La Provincia'.

Hasta cuatro carriles por dirección puede llegar a tener la autovía GC-1 que recorre la isla del sur al noreste. Son 80 kilómetros que une la Playa de Mogán con Las Palmas. En este eje, que orilla el Océano Atlántico, vive un 80% de la población de la isla, 876.500 personas, 100.000 más que hace veinte años. A estos números hay que añadir los 15,8 millones de viajes que en 2025 se registraron en el aeropuerto, el sexto de España.

Desde las seis y media de la mañana -no hay nada como ir a correr para comprobarlo- hasta bien entrada la tarde, el trayecto principal que va del aeropuerto al centro de la ciudad es un devenir constante de vehículos, mayoritariamente con un solo pasajero, que inundan la vía. Si no fuera por la brisa marina, sería irrespirable. Paradójico que al lado de uno de los cascos históricos más bonitos de España -Vegueta- se genere esta densidad de circulación. Ni siquiera hay un carril destinado para las guaguas y los taxis.

Buscar una solución al problema viene de lejos. Y por razones políticas y económicas nunca han prosperado. El último intento se produjo en septiembre del año pasado, con la firma de un protocolo -léase estudio de opciones variadas- del Ministerio de Transportes para «proporcionar soluciones de movilidad pública accesibles y asequibles para la ciudadanía, incidiendo en la movilidad cotidiana y la movilidad inclusiva». Un blablablá donde se pide coordinación de administraciones, estudios, informes técnicos para buscar soluciones. Junto a este macroproyecto, con una inversión potencial de 2.000 millones, se le une un Metroguagua urbano que afectaría solo a la capital.

Recorrer España tiene estas cosas. Acabas aprendiendo y reconociendo las necesidades de cada territorio. Sobre todo, en infraestructuras, lo primero que un foráneo percibe. Lo mismo sirve para asombrarse al ver lo mal comunicada que está Extremadura, la vergüenza histórica de que todavía no haya tren rápido para unir el eje Mediterráneo o las continuadas incidencias, a veces trágicas, de Rodalies en Catalunya. En las dudas sobre el mantenimiento de la línea de alta velocidad que hemos descubierto después del accidente de Adamuz, no hace falta incidir.

Espero que Gran Canaria defina y ejecute un proyecto ferroviario que necesita como agua de mayo, que esté bien financiado y que pueda ser rentable. Será una gran noticia para sus ciudadanos y para los millones de personas que visitan la isla todos los años. No son solo proyectos locales, también nacionales y europeos.

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