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Opinión | Salud pública
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Vacunas y sarampión

Tenemos dos niveles de problema: la desigualdad social de aquellos que tienen dificultad para acceder a las vacunas y la desinformación de aquellos que tienen dudas respecto de los efectos de las vacunas

La OMS retira a España el estatus de país libre del sarampión, infección que había eliminado hace 10 años

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La OMS retira a España el estatus de país libre del sarampión

Lucía Feijoo Viera

El 26 de enero el comité regional europeo de verificación del sarampión y la rubeola (CRV) de la OMS comunicó que en España se ha restablecido la transmisión endémica del virus del sarampión, es decir, que de tener prácticamente eliminada esta enfermedad ya la volvemos a tener, y con fuerza, aquí.

Para el conjunto del Estado español, en 2023, solo se declararon unos 14 casos de sarampión, en 2024 ya fueron 227 y en 2025, 397, de los cuales entre un 40% y un 50% eran menores de cinco años. Recordemos que la vacunación recomendada en Catalunya es de la primera dosis en el primer año y la segunda, a los tres años. Si consultamos los datos de cobertura vacunal del portal Sivamin, del Ministerio de Sanidad, vemos que, para el conjunto de España, y para la primera dosis, tanto en 2023 (97,83%) como en 2024 (97,29%), la cobertura fue superior a la de 2022 (97,24%) y muy por encima de la de 2021 (95,57%). Respecto de la segunda dosis y, por lo tanto, vacunación cumplida, la cobertura fue, en 2021, de 91,91%, el 2022 de 93,92% y el 2024 del 93,67%. Según estos datos la cobertura vacunal, tanto en primera como en segunda dosis, ha vuelto a niveles no demasiado diferentes de los que teníamos en la prepandemia. Estos son unos niveles buenos, si lo comparamos con la mayor parte de países del resto de Europa.

Todo hace pensar que, si bien a nivel comunitario estamos bien, es posible la existencia de bolsas concretas que, por diferentes circunstancias, como inmigración sin documentación y mucha movilidad y, por lo tanto, deficiente cobertura sanitaria, o colectivos que, por motivos ideológicos o religiosos, son reticentes a las vacunas. Además, tendremos a personas adultas, fuera de estos dos grupos, desinformadas o mal informadas sobre los riesgos y ventajas de las vacunaciones. La globalización hace el resto: la mayor parte de los enfermos registrados en España son casos importados procedentes, sobre todo, de Marruecos y Rumanía.

En resumen, tenemos dos niveles de problema: la desigualdad social de aquellos que tienen dificultad para acceder a las vacunas y la desinformación de aquellos que tienen dudas o miedos respecto de los efectos de las vacunas, que se calcula pueden ser entre un 20% y un 40%. Los llamados antivacunas, afortunadamente, aquí, son una minoría, entre un 2 y un 5% a pesar de que va creciendo, cuando en otros países, como Francia, pueden ser el 40%.

La solución no es imponer represivamente la vacuna. Ante esta situación hay que combinar dos estrategias. La primera consiste en hacer un trabajo, mano a mano, con los servicios sociales comunitarios para identificar estas bolsas de desigualdad y actuar proactivamente. Y no tan solo respecto de las vacunaciones. Esto se llama atención comunitaria. Hay que ir a buscar los problemas y no esperar que vengan a nosotros.

Una segunda estrategia consiste en informar correctamente, no solo como respuesta a una pregunta sino, igual que en la estrategia anterior, proactivamente, mediante técnicas de comunicación presuntiva, por ejemplo. Y esto quiere decir hablar y hablar y, sobre todo, creérselo. Muchas veces me pregunto si muchos de los profesionales sanitarios faltamos en clase el día que explicaron la prevención de las enfermedades. El ejemplo de los profesionales respecto a su propia vacunación, por ejemplo, contra la gripe, nos dice que solo un 40% se vacunan. Y si nosotros no lo hacemos es que no lo vemos lo suficientemente importante. Y, así, ¿cómo convenceremos a nuestros pacientes? Formación y concienciación para los profesionales.

Este es el trabajo de la atención primaria.

Pero todo esto quiere decir, además, de que sea considerado una prioridad por parte de los responsables políticos y gestores, lo que quiere decir tiempo.

Estamos viviendo una muy profunda crisis en el nivel de la atención primaria. Van con el agua al cuello. No les podemos exigir más si no lo resolvemos; ni vacunaciones ni muchas cosas más.

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