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Opinión | Las bandas latinas
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Ya no son pandillas

Antes se dedicaban a generar identidad de grupo, vinculado a la violencia como eje vertebrador

Pintada de los Ñetas.

Pintada de los Ñetas.

E l crimen organizado es un fenómeno conocido, regulado y controlado no solo por los cuerpos policiales sino también por la gobernanza global. La Oficina de las Naciones Unidas contra las Drogas y el Crimen Organizado se encarga de la prevención, la coordinación policial y también la cooperación entre estados. La razón es clara: la globalización cambió el escenario por completo, también en el ámbito criminal. Entonces, ¿qué tienen de nuevo las bandas latinas en España?

No se trata tanto de la novedad como del hecho que los instrumentos y medios de los que disponen las organizaciones delictivas siempre van en paralelo a los avances tecnológicos, aumentando considerablemente la dificultad de perseguir estos delitos. El crimen, como el resto de interacciones humanas a nivel internacional, se diversifica y sofistica: hay más tipos de delitos, con más abanico de medios, que son más trabajados y especializados. No todo está al alcance de cualquier organización, claro. Las llamadas organizaciones de crimen transnacional son comparables a empresas, con estructura, jerarquía, modus operandi y reglas de pertenencia. Se especializan en ámbitos y en zonas geográficas concretas. No es el caso de estas bandas. Las llamadas bandas latinas parece que han perdido la exclusividad latina de su personalidad y tampoco encajan ya con lo juvenil del concepto de banda. Ahora bien, sí que se han profesionalizado y sofisticado. Si antes se dedicaban principalmente a generar identidad de grupo, vincularlo a la violencia como eje vertebrador, y a la lucha con otras bandas como razón de ser, ahora parece que se dedican a otras actividades lucrativas como estafas, cibercrimen y tráfico de drogas.

Como fenómeno criminal habrá que seguir analizando cómo evolucionan ahora, en un mundo digital y en una sociedad polarizada y con tanto ruido. Hay más competencia para captar gente nueva, entre tantos fenómenos digitales y en un momento tan volátil. Los procesos de radicalización siguen etapas similares, sean del tipo que sean, y está por ver qué ofrecen estas bandas que pueda ser más atractivo para algunos individuos que sumarse a otros grupos. Si la estructura les da protección, puede que el nombre pase a ser secundario pero, de no ser así, las organizaciones con más experiencia seguirán siendo más atractivas para la captación de nuevos miembros.

Si la policía las sigue llamando bandas latinas debe ser por su estructura, captación y rasgos de identidad, porque está claro que distan mucho de aquellas pandillas callejeras que amenazaban a otros jóvenes y les quitaban el reloj o se pegaban en las discotecas. Lo único que sigue igual es que siempre hay y habrá quienes se esconden tras los grupos para buscar el dinero fácil, la validación personal y la pertenencia a un grupo fuerte, pero la policía también mejora sus instrumentos y medios y no parece que sean una novedad criminal original. n