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Opinión | Políticas públicas
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El deber de mantener

Después de tantas décadas avanzando, ahora corresponde iniciar un periodo centrado en el mantenimiento de nuestro sistema, de nuestros servicios, de nuestros derechos

GRAFCAT7287. BLANES (GIRONA), 27/01/2026.- Vista de un vehículo de mantenimiento de vias en las inmediaciones de la estación de Maçanet-Massanes en la línea R1 de Rodalies este martes cuando el Govern ha anunciado martes que el servicio de Rodalies volverá a operar con normalidad a partir del próximo lunes. EFE/Enric Fontcuberta

GRAFCAT7287. BLANES (GIRONA), 27/01/2026.- Vista de un vehículo de mantenimiento de vias en las inmediaciones de la estación de Maçanet-Massanes en la línea R1 de Rodalies este martes cuando el Govern ha anunciado martes que el servicio de Rodalies volverá a operar con normalidad a partir del próximo lunes. EFE/Enric Fontcuberta / Enric Fontcuberta / EFE

Es conocida la anécdota que, en 1787, en la salida de los debates de la Convención Constituyente de Filadelfia, cuando una señora preguntó a James Madison si finalmente se había escogido un sistema de monarquía parlamentaria o una república, aquel respondió: “Una República, señora, si podéis mantenerla...”.

El artículo de hoy no quiere hacer referencia a EEUU (a pesar de que merece plena atención la deriva que está tomando), sino centrarnos en la necesidad de poder mantener lo que hemos conseguido en Europa, en España y en Catalunya.

El punto de partida no puede ser otro que el reconocimiento de lo que se ha conseguido en los últimos 50 años en España y Catalunya (saliendo de una dictadura y siendo hoy una de las democracias más consolidadas de Europa, con uno de los índices más altos de crecimiento económico), o la superación en 75 años del trauma colectivo que supuso la Segunda Guerra Mundial en Europa. Una situación entonces en Europa que, como describen excelentemente Ian Buruma en 'Año cero. Historia de 1945' o Keith Lowe en 'Continente salvaje', no venía dominada tan solo por la destrucción física, la ausencia, el desplazamiento o el hambre, sino sobre todo y muy especialmente por la destrucción moral y la carencia de esperanza.

Desde entonces, Europa ha caminado de forma decidida hacia la creación de un espacio de paz y libertad que no dejara atrás a nadie, con el convencimiento que esto solo se podía conseguir a partir del reconocimiento de los derechos sociales y la creación de un Estado de bienestar. Y se ha conseguido. Precisamente, hoy nos tenemos que atrever a decir que uno prefiere vivir en Europa que en Estados Unidos; uno se siente más libre y más respetado en sus derechos en esta Europa que es criticada por su excesivo celo regulador. Un europeo de clase media quizás cobra una retribución más baja que su homólogo en Estados Unidos, pero disfruta de una cobertura social y de prestaciones públicas más elevada. Su capacidad de desarrollo personal y convivencial disfruta de más cobertura, oportunidades y garantías en el contexto de la Europa del bienestar.

Últimamente, olvidamos los grandes éxitos conseguidos en Europa y dedicamos atención únicamente a los mensajes que advierten -con una lógica y siempre bienvenida autocrítica- de las carencias de nuestro sistema. El mundo cambia y Europa se tiene que adaptar, sin duda, pero que esto no lleve a una reflexión que ignore el gran trayecto transcurrido, hasta el punto que hoy Europa es quizás el entorno donde se disfruta de unos servicios sociales, una educación pública y una seguridad, además de una estabilidad económica, que -en su globalidad- no va detrás de nadie.

Este afán de superación que hemos vivido en Europa, en España y en Catalunya en las últimas décadas nos ha llevado a unas políticas que, lógicamente, han perseguido la creación de nuevos espacios de seguridad y de nuevos servicios públicos, de nuevos entornos para ganar en bienestar. Y las administraciones y la clase política han focalizado todos sus esfuerzos en nuevos servicios y nuevas infraestructuras: crear, inaugurar, construir, innovar, ampliar, producir, fundar.

Siempre preocupados por aquella política pública que ampliara el espectro del bienestar, ¿nos hemos ocupado poco de mantener aquello que teníamos ya constituido? ¿Hemos olvidado la importancia de gestionar y mantener los derechos sociales y servicios públicos reconocidos, hoy, a nuestra ciudadanía?

Es momento para un gran pacto en las políticas públicas: los derechos y servicios públicos no solo se tienen que ganar, sino que los tenemos que poder mantener. Y después de tantas décadas avanzando, poco a poco y con perseverancia en la consecución de un marco más amplio y estable de bienestar, ahora corresponde iniciar un periodo centrado en el mantenimiento de nuestro sistema, de nuestros servicios, de nuestros derechos. La gestión de los servicios en funcionamiento siempre es más gris y menos ilusionante que promover una nueva iniciativa pública; el mantenimiento de los servicios no permite cortar una cinta para inaugurar una nueva planta depuradora, un polideportivo, una biblioteca o una nueva escuela, pero tanto o más importante que su creación es poderla mantener. Es nuestra responsabilidad, actualmente.

Hay que promover un pacto de todas las administraciones y partidos que las dirijan, con el apoyo de toda la sociedad civil e instituciones, de que hoy lo más importante es centrarnos en la defensa y mantenimiento de lo que se ha conseguido con tanto de esfuerzo y durante tantas décadas, que es mucho. Tanto o más importante que ganar los derechos sociales y los servicios públicos, es garantizar su mantenimiento. Tenemos que poder mantenerlo.

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