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Opinión | La bolsa y la vida

Oro, plata, bitcóin y el comportamiento de los inversores según Robert Shiller

Oro expuesto en China.

Oro expuesto en China. / EFE / HOW HWEE YOUNG

Robert Shiller, ganador del Premio Nobel de Economía en 2013, aportó buena parte de los mimbres necesarios para explicar el galimatías sobre el que se asientan los mercados bursátiles y de inversión. El corpus fundamental de sus teorías es que los movimientos de bolsa se explican por lo que describe como exuberancia irracional y la psicología de los mercados. En resumidas cuentas, soslayando sesudos análisis matemáticos que deben fundamentar cualquier teoría económica que se precie, que las decisiones de inversión no se toman necesariamente basándose en análisis coherentes. Acuñó Shiller el indicador ratio precio-beneficio ajustado cíclicamente (CAPE) que quiere indicar cuando el mercado estadounidense está significativamente sobrevalorado.

Pese al Nobel, lo cierto es que Shiller no fue capaz de prever el boom de la bolsa estadounidense, pero no por ello su análisis deja de ser merecedor de atención. Para Shiller, el mercado actual está impulsado por narrativas que influyen en la evolución de los precios. En su opinión, la inteligencia artificial puede sostener precios elevados temporalmente mediante un comportamiento gregario antes de una posible corrección. Vamos, que los inversores se mueven como un cardumen de peces al unísono, hasta que algún elemento rompe la confianza y se precipita una oscilación masiva de los precios.

En momentos en los que los expertos bursátiles abundan, y las herramientas de inteligencia artificial se han distribuido de manera masiva entre los inversores de todo pelaje y condición, da la sensación de que el efecto banco de peces es más acusado. Los fundamentales (razones económicas que justifican los precios) pierden importancia. Eso explicaría la razón por la que las bolsas han subido desproporcionadamente en relación con las expectativas de negocio de las empresas o el complejo contexto internacional. O cómo los mercados en general se revalorizaron ante la existencia de dinero barato derivado de la actuación de los estados ante el brote del covid 19. El caso es que las narrativas triunfan y se intuye que el uso generalizado de las mismas herramientas de análisis basadas en IA impulsa las tendencias y acrecienta los efectos.

Las revalorizaciones de los metales preciosos y de bitcóin se asocian tradicionalmente a incertidumbres. Pero tras fuertes revalorizaciones en los últimos meses, hasta esos valores refugio incorporan elementos de riesgo elevados. Así, aunque en el pasado un desplome de los metales preciosos podría interpretarse como que vienen tiempos económicos mejores, lo cierto es que ni premisas ni conclusiones son ciertas en un contexto de banco de inversores buscando tendencias. El dinero miedoso se desplaza hacia activos con expectativas de revalorización y hasta los valores refugio se transforman en activos especulativos.

Interesante el planteamiento de Garrett Melson, estratega de carteras en Natixis IM Solutions, sobre el desplome del oro y la plata: "Los catalizadores no son lo mismo que los impulsores". Quizá, opina, el catalizador del cambio de tendencia ha sido el nombramiento por parte del presidente de EEUU, Donald Trump, de Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal. Pero ese catalizador ha sido solo una chispa que ha avivado el temor a caídas de precios en valores refugio tras fuertes subidas.

Y Melson concluye: "Las espectaculares caídas del oro y la plata no son consecuencia de una reevaluación fundamental de las perspectivas, las ramificaciones de la elección del presidente de la Reserva Federal, la confianza en el dólar o cualquier otra narrativa divertida. Se trata, simplemente, de las secuelas de una operación impulsada técnicamente por un impulso masivo". Igual es la IA la que toma ya las decisiones de todos. Efecto Shiller aumentado.